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viernes, 31 de octubre de 2008

Castillo de Bellver (Palma de Mallorca)


El castillo de Bellver, cerca de Palma de Mallorca fue construido a partir de 1309 bajo la dirección del maestro Pere Salva para Jaime II de Mallorca.

Su línea es totalmente circular: la planta, el patio interior, de dos pisos, las tres torres y los cuatro garitones. Enlazada mediante un arco ojival, se halla en su exterior la torre del homenaje, también circular, de unos quince metros de altura.

No hay en la geografía española un castillo que engañe más...

Al que llega en barco a Palma de Mallorca - hay que llegar siempre en barco, si el que arriba quiere saber lo que es un paisaje dando la bienvenida - le recibe el amplio abrazo de la bahía entre el azul del mar, el verde del bosque, el blanco grisáceo de los edificios y allá arriba, como una guinda del pastel de recepción, una fortaleza arregladita, coqueta, perfecta, sin un boquete que indique el paso del tiempo, completa en sus cubos, en las piedras de la muralla. Está tan en su puesto, combina tan bien con el paisaje que le circunda que parece que Dios, después de dibujar y pintar todo el contorno de la bahía decidiera: «Falta algo... ¡ Ya!, un castillo, un castillo en la cumbre. Como los que hacen los niños en la arena...»

Y, sin embargo, en ese castillo está el reflejo del dolor de España, del dolor físico y del dolor moral, de la injusticia social y de la injusticia intelectual. Porque el castillo de Bellver no se recuerda tanto por su historia militar como por su historia celular. Bellver no mantenía a los enemigos fuera de los lienzos de su muralla, sino dentro, en forma de prisioneros.

Por ejemplo, a lo que se llamó escoria de la sociedad, a los que se reunían allí antes de ser destinados a los barcos de su majestad, los forzados al remo: los galeotes.

«Doce hombres a pie ensartados como cuentas en una gran cadena de hierro por los cuellos y todos con sus esposas en las manos»... Así los vio don Quijote y se asombró que el rey hiciera fuerza a la gente. Por ello se interpuso entre la justicia y sus víctimas, porque le pareció que sus delitos - robo de ropa, de caballos, celestineo, incesto- no eran como para que privasen a un ser humano de su libertad. (El agradecimiento de los liberados, como se sabe, fue darles de pedradas a él y a Sancho.)

Los que no tenían la suerte de encontrar en su camino a un «desfacedor de entuertos» venían aquí a Bellver, donde esperaban su destino, y nunca el nombre tuvo resonancias más realmente definitorias. Un destino que consistía en estar atado a un remo que había que mover a compás del grito y a veces del latigazo del cómitre.

En esto se descubrieronde la Religión seis velas;y el cómitre mandó usar al forzado de su fuerza.
...contó Góngora del cristiano que remaba para sus enemigos, como en los barcos cristianos había remeros moros.

Pero los galeotes de Bellver van en barcos suyos sirviendo al rey por cuatro, por seis, por ocho años o por toda la vida. Sufren del calor, de la sed, del hambre; si el barco en que van se hunde por tempestad o por acción enemiga, no habrá, muchas veces, tiempo de cortar sus cadenas y se hundirán con él; si es capturado por el enemigo berberisco o turco, seguirán sujetos al banco como prisioneros a no ser, como ocurría a menudo, que se pasen a la secta mahometana para obtener la libertad. Esos renegados son los peores enemigos de sus antiguos dueños. No les dan cuartel a sabiendas de que, si les capturan, tampoco lo obtendrán de los españoles.

Por Bellver pasaron muchos las últimas horas antes de ser embarcados despidiéndose de una tierra que muchos no volverían a ver si no era por encima de una borda. El dulce paisaje mallorquín fue para ellos marco de la amarga revisión de su vida: «¡Por qué lo haría...! »
Dos siglos más tarde hay en este castillo un hombre que también se pregunta sobre la injusticia humana, pero sin arrepentimiento, porque sabe que él tuvo la razón y su carcelero el error. Se llama Gaspar de Jovellanos y es uno de los ilusos que durante siglos han intentado conciliar en España algo tan dispar como tradición y evolución. Era un «ilustrado»; naturalmente fue enemigo de las dictaduras y naturalmente fue encarcelado por alguien llamado el primer dictador de nuestro tiempo: el privado real Manuel Godoy.

Sufrió condena, estudió, reflexionó largamente sobre el país y sus problemas y cuando salió tuvo que enfrentarse con un dilema impresionante. Por un lado los franceses tan ilustrados como él, trayendo el código civil, el final de la presión eclesiástica. Renovadores y modernos. Por otro la cerrazón, la inquisición, el fanatismo... pero también la Patria. Jovellanos escoge y explica así su elección al general francés que se asombraba de ello: «No lidiamos, como pretendéis, por la inquisición ni por soñadas preocupaciones, ni por el interés de los grandes de España; lidiamos por los preciosos derechos de nuestro rey, nuestra religión, nuestra constitución y nuestra independencia», y promete que la nación «tiene bastante celo, firmeza y sabiduría para corregir los abusos que la condujeron insensiblemente a la horrorosa suerte que la deparaban».

Luego vino Fernando VII, las «caenas» y la inquisición, y un nuevo ilustre huésped sustituyó a Jovellanos en el dolor injusto y el escándalo de la Europa liberal. El general Lacy, héroe de la independencia, cuyo nombre queda grabado en los muros en patéticos recuerdos: «Sentado en este sitio, Lacy, desfallecido, pidió pan al centinela», y la trágica despedida para la posteridad: «Acaban de leerme mi sentencia de muerte. Tú, cualquiera que seas, si amas la Patria, acuérdate del pobre Lacy.» Fue fusilado en el patio de armas el 5 de julio de 1817.
Pero, aun así, Jovellanos no se había equivocado. Fernando había sido un español indigno, pero en la elección del escritor asturiano contaba más el primer adjetivo que el segundo. Porque la política puede cambiar - y cambió con María Cristina - pero la reforma tenía que ser española o no ser.

Bellver, el de dulce aspecto y tétrica historia, fue testigo de ello.

Castillo de Belmonte (Cuenca)


El castillo de Belmonte (Cuenca) es uno de los más hermosos que se han conservado en España. Es especialmente precioso el interior, con un patio de dos pisos de galerías ojivales, ricos artesonados, soberbias chimeneas, ventanas labradas. El propio castillo es de planta estrellada, con robustas torres cilíndricas y un doble cinturón de murallas exteriores.
Este es un castillo literario. Porque tuvo entre sus muros a escritores de fama y porque en él anidan extrañas leyendas. Aquí vivió don Juan Manuel en el siglo XIV, por ejemplo. y nunca mejor dicho por ejemplo, porque escribió un libro así llamado: “De los enxiemplos” o ejemplos. Era lo que se llama un escritor moralista. En general el escritor moralista es un hombre que propugna en sus libros la moral que él no tiene en su vida privada, lo cual, si bien se mira, tampoco es para criticar demasiado. Peor sería que, además de vivir mal, aconsejara a la gente que hiciera lo mismo... Al fin y al cabo, hay mucha más gente que lee un libro que los que saben de las andanzas de su autor, de forma que el enxiemplo del primero cunde más que el del segundo. “Haz tú lo que bien digo y no lo que mal hago” advierte Sempronio a Calisto en el primer acto de la Celestina. Y así don Juan Manuel habla en su primer cuento del fiel cortesano al que los envidiosos pusieron a mal con el rey, pero que pudo probar su fidelidad. Aviado estaba don Juan Manuel si el rey Alfonso XI le hubiera puesto igualmente a prueba. Don Juan Manuel, quizá porque, siendo nieto de Fernando III el Santo, no se sentía demasiado obligado a fidelidades con otros monarcas, jugó toda su vida a sacar lo máximo posible de ellos. Cuando uno se resistía a sus demandas, se sublevaba abiertamente contra él, y para ello le daba igual apoyarse en portugueses que en aragoneses o en granadinos, es decir en los musulmanes enemigos de su fe, para conseguir poder y prebendas.
Tampoco le importó mucho dejar que sus caballeros asaltasen y robasen a viajeros que cruzaran sus extensas tierras, siempre que le diesen parte del botín. Ni que los benimerines tomasen Gibraltar cuando el rey Alfonso XI no quiso pagar su ayuda militar con privilegios tan exorbitantes como que su ducado en tierras de Murcia fuera exento de todo tributo real y con permiso incluso de acuñar moneda. El rey tenía que jugar con esas mismas armas o ir casando familiares con los reyes aragoneses, portugueses y pagando a musulmanes para poder acabar con él.
Pero incluso cuando le venza en el campo de batalla tendrá que mantener en todas sus riquezas y posesiones al inquieto, difícil y ambicioso don Juan Manuel......Que en su libro aparece como sensato, tranquilo, lleno de sentido común.
Como en el cuento del “mozo que casó con mujer brava “ por lo que todos le daban por perdido y tanto la asustó en la primera noche que ella se humilló de forma que nadie la reconocía. (De ahí salió La fierecilla domada de Shakespeare.) O en el de doña Truhana que llevaba una olla de miel en la cabeza soñando con ganancias multiplicadas y que nosotros conocemos por la historia posterior de la lechera y su cántaro. O el de los mercaderes que hacían al monarca un paño que sólo podía ver aquel que fuese hijo de su padre legítimo hasta que un negro, al que no se le daba nada de su fama -era negro y esclavo-, desveló el cuidado secreto de que el rey iba desnudo.

Eso escribía desde Belmonte quizá; y con estos escritos probablemente sencillos, ingenuos, suaves, se distraía don Juan Manuel de su vida real de ambiciones y codicia, de sus múltiples engaños políticos.
Y en el siglo siguiente, el XV, otro asombroso propietario del castillo de Belmonte; el difícil, misterioso marqués de Villena, cuyas vueltas y revueltas hicieron bueno al tornadizo Juan Manuel. Por cada vez que éste mudó de postura política en busca del poder y la riqueza, Villena lo hizo diez. Sus saltos políticos casi marean. Protegido de Alvaro de Luna, se revuelve contra él cuando está a punto de caer su privacía con Juan II, y lo mismo hace a otro protector, Enrique IV, a quien quitará personalmente el cetro real en la humillante deposición. ¿Está pues a favor de la infanta Isabel? Sólo hasta que se entera de que ella va a casarse con Fernando de Aragón, cuando Villena y los otros nobles esperaban que lo hiciera con Alfonso V de Portugal, quien aceptaba dejar Castilla en manos de los aristócratas. En vista de que Isabel se porta así, Villena decide que se ha equivocado en su juicio anterior. Enrique IV ya no es el Impotente, como le llamaron antes. Juana es verdadera hija suya y legítima heredera del trono. Lo de «Beltraneja», por el supuesto padre Beltrán de la Cueva, no es más que una calumnia. ¡Viva doña Juana! Y cuando proclaman reyes a los que luego se llamarán “Católicos”, ofrece a la princesa asilo en Belmonte. Cómo sería de difícil y de poco fiar el marqués -con fama además de alquimista y nigromántico - que un buen día Juana la Beltraneja decidió que mejor era que no la protegiese.
Quizá para quitarle a Belmonte ese regusto de codicias, politiquerías, ambiciones bastardas, quiso Dios que unos años más tarde naciera en el pueblo un varón seráfico que, en lugar de pensar en la tierra, pensara en el Cielo; en vez de guerrear, predicara; en lugar de confundir, enseñara; en vez de guardar rencor, olvidara; el de Los nombres de Cristo, el de “Qué descansada vida -la que huye del mundanal ruido”; en fin, el que se venga de los perseguidores que le habían tenido injustamente en la cárcel Con un “decíamos ayer...”
En 1528 nació, a la sombra del castillo, quien iba a llamarse fray Luis de León.

Castillo de Gormaz (Soria)


La fortaleza fue mandada reconstruir entre los años 956 a 966 por orden del general Galib en tiempos del califa Al-Haquem II sobre los restos de un anterior castillo cristiano o árabe. Recordemos que la cabecera de la marca media, o frontera media entre cristianos y árabes, pasa a Medinaceli en el 946.

En el 975 el conde Garci Fernández, aliado con Sancho de Pamplona y Ramiro III de León, es incapaz de tomar el castillo tras un largo asedio y sufre una humillante derrota al ser atacado por el ejército de Galib que llegó al rescate. Entre 978 y 981 consigue apoderarse de Gormaz, que volverá a recuperar Almanzor en 983. Hubo que esperar hasta 1060 para que fuera recuperada por los cristianos como consecuencia de la expedición de Fernando I, esta vez de forma definitiva. Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, recibe la villa de Gormaz en 1087. Han sido señores de Gormaz doña Berenguela, el obispado de Osma, Juan Hurtado de Mendoza (1395) y los marqueses de Camarasa.

La villa de Gormaz, de menos de 24 habitantes en la actualidad, cuenta con rollo, un puente sobre el Duero de origen romano de 18 ojos, reedificado por los árabes y reconstruido en 1864, y la antigua iglesia, posiblemente del siglo VII y hoy ermita de San Miguel, declarada Bien de Interés Cultural, donde se encontró una lápida conmemorativa de la construcción de la fortaleza, de la que queda: En el nombre de Dios Clemente y Misericordioso. Dios bendiga a Mahoma, el Sello de los Profetas. Mandó el siervo de Dios, al-Hakam, al-Mustansir bi-llah, Príncipe de los Creyentes ¡Dios alargue su permanencia!. De esta ermita es también la pila bautismal que hoy se encuentra en la parroquial, extraordinaria pieza en caliza de forma prismática cuadrangular, con una cavidad en forma de cruz y fondo cóncavo. Y la estela que se aprecia en uno de los sillares del campanario .

Una edificación de estas características, único del S. X comparable en estilo y grandeza a la Mezquita de Córdoba, como escribiera Gaya Nuño, con su historia (descubierta y por descubrir), merece de una mayor atención y cuidado. Así, algunos lienzos y arcos han sido restaurados, pero las enormes dimensiones de esta fortaleza obliga a inversiones difíciles de afrontar a corto plazo.

Castillo de Calatañazor (Soria)



Declarada Conjunto Histórico-Artístico, no dejará de sorprender esta extraordinaria población, con su calle Mayor, casi anclada en la Edad Media, de casas en piedra, sabina, barro y chimeneas cónicas (no dejes de visitar alguna casa).
Se encuentra encaramada por la pendiente que se levanta sobre la hoz del río Milanos, justo al otro lado de la que fuera ciudad arévaca Voluce, o como escribiera Madoz en su diccionario, ciudad de los volcianos o volucianos, también conocida como Veluca o Volcia, de los S. III-II a. de C, y habitada, según Blas Taracena, hasta el S. XV. La antigua población fortificada contaba con unos impresionantes muros, aún visibles, de hasta 18 metros de grosor. No muy lejos circulaba la vía romana de Astorga a Zaragoza.

El origen del nombre de Calatañazor parece surgir del árabe Qalat al-Nasur (o Calat al-Nusur, Calat en-Nossur y Calat-An-Asor..., según autores), que tiene el significado de castillo del buitre, nido de águilas para otros. El nombre arévaco de Voluce, o Boluce, significa buitre, lo que nos indica claramente la topografía de esta población sobre el valle de la Sangre, donde se sitúa la batalla entre las tropas cristianas y las de Almanzor en 1002, donde "Almanzor perdió tu tambor...", o lo que es lo mismo, fue derrotado para, según la tradición, morir poco después en Waldecorai (Bordecorex) y ser enterrado en Medina Salim Medinaceli.

En el castillo, del siglo XIV o XV y muy arruinado, sobreviven algunos lienzos y parte de la torre del homenaje de mampostería y sillería de refuerzo en las esquinas. Quedan restos en ésta de aparejo árabe y un ventanal gótico. Por el lado de la población cuenta con un foso, mientras que por el valle de la Sangre la propia altura de los riscos ofrecen suficiente protección. La población está amurallada, de la que se conservan lienzos en el noroeste y sur, con una puerta pequeña. Bajo el castillo existe una sepultura triple excavada en roca, fechable a partir del S.X.

Propietarios del castillos fueron Dña. María de Molina, adelantada mayor de Castilla, el linaje de los Padilla y la Casa Ducal de Medinaceli.

En la población, que cuenta con una Asociación de Amigos de Calatañazor, podemos apreciar la iglesia parroquial del S.XVI, con porciones de la anterior románica del S.XI y XII, con un pequeño museo local. También en la población encontramos la románica ermita de la Soledad, y en el término las ruinas de las ermitas de San Juan Bautista y Santa Ana. Y un rollo-picota, con su propia leyenda de brujería.
En verano se celebraban en la iglesia las jornadas de música medieval.

jueves, 23 de octubre de 2008

Castillo de Alpízar (Huelva)


Características y protección legal

El castillo de Alpízar se encuentra a escasa distancia de Paterna del Campo, en la provincia de Huelva.Consta de patio de armas central y 4 torreones en sus vértices. Es de de factura almohade, pero es presumiblemente que fuera construido sobre una villa rústica romana.

El castillo se encuentra bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español. En el año 1993 la Junta de Andalucía otorgó reconocimiento especial a los castillos de la Comunidad Autónoma de Andalucía.

Historia
La zona fue un importante centro comercial y metalúrgico tartésico, durante los siglos X-XII a. C. Después de una etapa de florecimiento, comenzó la decadencia a partir del siglo VI a. C., por razones complejas, entre las que destacan el descenso del comercio minero y el agotamiento de los filones más ricos.
El dominio romano es responsable de una rica toponimia que emplaza diferentes obras y villas rústicas que caracterizaron la economía agraria de la zona. Tejada la Nueva se conoce ahora con el nombre de Itucci, y las tierras del término de Paterna empiezan a cobrar entidad. Desde la «fuente del Alpizar» se llevaba agua a Itálica, a través de un soberbio acueducto. Algunas de sus canalizaciones se muestran en una plazoleta de la Barriada «Colina Verde». La caída del Imperio de Roma y las invasiones bárbaras cubren con un tupido velo el acontecer de estas tierras . Las noticias del período musulmán tampoco son abundantes, pero se sabe que, aun después de la conquista de Sevilla, en 1253 existía un rey moro de Tejada .

En estos años, Paterna se afianzó como asentamiento y poseyó una gran mezquita. Cuenta la historia que los almohades sufrieron en las llanuras de Talyata, como llamaban a Tejada, una estrepitosa derrota, siendo aniquilados por los cristianos del Algarve, dirigidos por el infante don Alonso de Molina . Desde entonces pasó a denominarse «Cerro de la Matanza», hoy en el término de Escacena, pero muy cerca de las tierras de Paterna del Campo. En él murieron o fueron hechos cautivos unos 20.000 musulmanes.
La confusa existencia de Paterna terminó a mediados del siglo XIII, cuando Alfonso X incluye el Campo de Tejada en el alfoz sevillano. En el camino hacia la conquista de la ciudad de Niebla, el Rey Sabio tomó el castillo de Alpizar, que servía de límite entre el reino y la taifa de Tejada. El Campo fue dividido en tres centros urbanos que concentraban gran parte de la población: Paterna, Escacena y Castilleja del Campo.
En 1291 Paterna consiguió el título de villa de manos del rey Sancho IV, llamado el Bravo, adquiriendo identidad y personalidad jurídica. Esta situación de bonanza se explica por la solvencia económica y productividad de pequeños propietarios que cultivan vid, trigo y olivo y, al mismo tiempo, poseen un amplio espacio comunal, aumentado por el reparto del campo y la sierra de Tejada, que aprovechan con ganados y colmenas. Debido a estos recursos naturales, la crisis del siglo XVII no se aprecia en Paterna del Campo de forma tan virulenta como en otros lugares. La población aumentó de forma notable, y los historiadores calculan que la villa reunía en 1646 a 520 vecinos, es decir, aproximadamente, unas 2.400 personas.

Sin embargo, a partir de 1649, la política local padece diversas vicisitudes por las penurias que atraviesan las arcas reales. La venta de villas, impuestos, privilegios y aldeas reales se generaliza y afecta a Paterna, pues en el año citado se venden las alcabalas y en 1660 la jurisdicción, señorío y vasallaje de la villa al florentino don Luis Federighi. Su heredero, en 1690, obtuvo el título de primer Marqués de Paterna del Campo.

Castillo de Anguix (Guadalajara)


HISTORIA
La historia de esta fortaleza es la de su territorio en torno, que fue siempre disputado entre diversos señores feudales y familias influyentes de la comarca alcarreña. El término o heredad de Anguix pasó durante la Edad Media, por donación del Rey Alfonso VII, al caballero toledano Martín Ordóñez, quien llegó a poseer amplias propiedades en la parte baja de la Alcarria. Se adueñó de este terreno en 1136, y por entonces se levantó el primitivo castillo.
La viuda de este Martín Ordóñez entregó la fortaleza, en 1174, a la Orden Militar de Calatrava, que a la sazón ya comenzaba su asentamiento también en estas norteñas tierras, y cuya encomienda de Zorita extendía por el Tajo y sus afluentes una notable influencia.
En el siglo XIV, encontramos otra vez a Anguix en la propiedad del rey castellano, incluido jurisdiccionalmente en el Concejo de Huete. Alfonso XI se lo regaló a su montero Alfón Martínez, y su hijo Lope López, al casar con una Carrillo, lo transmitió a esta familia de poderosos y revoltosos nobles, vecinos de Huete. Así, a lo largo del siglo XV, lo veremos en la posesión de Juan Carrillo y de su hermano Luis.
En 1464 toma esta fortaleza para sí el rey Enrique IV, posiblemente por compra. Pero en 1474 se lo entrega a su camarero mayor, Lope Vázquez de Acuña, también de la familia de los Carrillo, y muy heredado por las riberas del Tajo.
Finalmente, este noble se lo vendió, en 1484, al primer conde de Tendilla, don Iñigo López de Mendoza. En la casa de estos magnates continuó ya en pacífica posesión durante muchas generaciones y largos siglos. Fue en 1847 que adquirió por compra el territorio entero, y la fortaleza incluida, don Justo Hernández, vecino de Brihuega. Recientemente ha sido adquirido por un particular francés.
ARQUITECTURA

Anguix es un torrejón, en el sentido de fundamentar su estructura en torno a la torre del homenaje o primitiva fortaleza.
La planta actual es de tipo pentagonal, y ofrece murallas muy elevadas, de unos seis metros de altura, con restos de torreones cilíndricos en las esquinas, y otro al comedio de la cortina de poniente, que abomba y amplía con su desarrollo lo que fue primitivamente una estructura paralelepípeda.
Tenía un recinto exterior con barbacana más baja que le circundaba por los costados de poniente y mediodía, los más fácilmente accesibles a la hora de un ataque, mientras que por sus lados de levante y septentrión, lo abrupto y pendiente del apoyo impedía cualquier ofensiva a ese nivel.
En el interior, muy irregular hoy por los derrumbes sucesivos y la acción del tiempo, se encuentra aún la entrada a un aljibe que ocuparía el patio central. Este patio era muy pequeño, pues la fortaleza no llegaba a alcanzar los 25 metros de longitud en su dimensión más alargada.
Sobre la esquina suroeste de la fortaleza, se alza la fuerte torre del homenaje, que se conserva hoy en bastante aceptable situación, y le confiere al edificio su prestancia antañona y fuertemente evocadora. Esta torre, de doble elevación que el resto de los muros del castillo, es cuadrada y se escolta en sus cuatro esquinas de otros tantos cubos circulares. En su centro, todavía hoy se ve un orificio redondo por el que se podía establecer comunicación con el recinto inferior, totalmente cerrado en su origen, y hoy accesible gracias a un boquete abierto en la parte baja de la torre. Se trataba de un aljibe, aunque también pudiera ser un calabozo.
En la torre aún quedan algunos ventanales amplios, con asientos de piedra adosados al muro, desde los que puede gozarse de una vista panorámica excepcional sobre el curso del río Tajo.En cualquier manera, y a pesar de no tener una excepcional importancia en el aspecto arquitectónico, este castillo de Anguix es una de las piezas más bellas de este plantel nutrido de los castillos de Guadalajara.

Castillo de Brihuega (Guadalajara)


HISTORIA
De su historia hay que recordar la presencia de un castro ibérico en su entorno. Está también probado que los árabes tuvieron en este enclave un castillete o torreón defensivo, que en la época del reino taifa de Toledo se amplió y llenó de comodidades, de tal modo que sirvió para que en él pasaran algunas temporadas el rey Almamún, su hija la princesa Elima, y el rey de Castilla Alfonso VI cuando todavía no era sino aspirante al trono. En esa ocasión, y según refiere la Crónica de España escrita por Alfonso X el Sabio, el futuro monarca castellano recibió en donación del musulmán la villa de bryuega.
El historiador y arzobispo Ximénez de Rada la denomina en su De Rebus Hispaniae como «Castrum Brioca». Tras la toma de Toledo, el año 1085, el rey castellano otorgó Brihuega al arzobispo de la nueva sede, don Bernardo, y le concedió para siempre el señorío de la villa y castillo. El arzobispo que más ayudó a Brihuega fué don Rodrigo Ximénez de Rada, gran político e historiador que tanto ayudó al engrandecimiento de Castilla durante los reinados de Alfonso VIII y Fernando III. A él se debe la erección de los más importantes monumentos religiosos de Brihuega, como las iglesias de San Felipe y Santa María, pudiendo añadir a la lista de sus iniciativas la de culminar el ya reconstruido castillo briocense con una capilla de corte gótico en la que tantas veces él mismo habría de celebrar los oficios religiosos.
Fue ocupado largas temporadas este alcázar por los arzobispos toledanos, que aquí pasaban periodos de descanso y celebraban concilios. Tanto la fortaleza como la muralla completa de la villa de Brihuega hubieron de sufrir algunos avatares guerreros de cierta importancia. Fue uno de éllos el cerco al que en 1445 sometió a la villa el ejército del Rey de Navarra, que pretendía anexionarse esta población. Fue bravamente defendida por sus habitantes. Todavía en 1710, se dio aquí la gran batalla con la que terminó la Guerra de sucesión y el acceso de los Borbones al trono de España.
EL CASTILLO
El castillo se asienta sobre una eminencia rocosa, en el extremo sur de la población. Sobre el primitivo fortín de los árabes, se añadieron estancias en el siglo XII, de estilo románico, y posteriormente en el XIII construyeron la capilla de tono gótico de transición.
Nos encontramos que, entrando por la puerta que existe junto a la iglesia de Santa María, el núcleo central del castillo consta de un espacio central, el más elevado, en el que hoy aparecen unas construcciones que debieron pertenecer a salones del palacio. Delante, un amplio espacio abierto, restos de otras construcciones, sirve de cementerio. Adosado a este primitivo núcleo constructivo, existe un conjunto de edificaciones al norte, consistentes en una larga nave cubierta de bóveda de cañón, y que hoy se denomina y utiliza como capilla de la Vera Cruz, a la que se entra por sencilla puerta desde el prado de Santa María.
Desde el nivel superior se accede a la que fue capilla del castillo, y que es hoy la pieza artística más singular que en él se conserva. Es un espacio de planta poligonal, con cinco lados, y que constituye un elegante espacio de arquitectura gótica inicial, obra de los primeros años del siglo XIII, tiene sus cubiertas formadas por arquerías apuntadas, ojivales, y en el ábside se abren tres ventanales esbeltos y apuntados, mostrando ménsulas de decoración vegetal, y claves en las bóvedas.
Dentro del patio de armas se alberga la iglesia de Santa María de la Peña, soberbia obra gótica de transición, edificada en el siglo XIII y con posterioridad mejorada, así como las ruinas del que fuera Convento franciscano de la reforma alcantarina.
La villa toda de Brihuega estuvo amurallada por completo. Su actual recinto es enorme, de una longitud de casi dos kilómetros, y puede seguirse con facilidad en su totalidad, aunque donde mejor se observan hoy en día las murallas briocenses es en su costado noroeste, en el que, incluso restauradas y con algunas almenas restituidas, evocan con fuerza su aspecto más primitivo.Un par de interesantes puertas de entrada a la villa merecen también admirarse. Así, el arco de Cozagón, situado en el extremo sur de la villa, servía de entrada a la misma desde los caminos que venían desde Toledo. Magnífico elemento de la arquitectura civil gótica, consiste en un par de solidísimos machones de planta cuadrada, que se unen en lo alto por un apuntado arco. La otra puerta, situada en el extremo norte de la villa, es la formada por el arco de la Cadena, más sencilla, pero también escoltada de cubo semicircular, y rematada por murete almenado.

Castillo de Caspe (Zaragoza)


Es el castillo más moderno de Aragón. Lo construyó el General Salamanca en la última guerra carlista. Se proyectó y construyó con medidas exactas: 12 metros, ocho metros, cuatro metros, dos metros.

No obstante la época romántica se deja notar y sus almenas están esquinadas y perfiladas como palaciegas, y sus baluartes curvos en los lados forman en planta un precioso trébol de cuatro hojas.

En su interior todo es evocador y armonioso a pesar del reducido espacio. Atrevida escalera conduce a una terraza que se ve espectacular no por verla, sino por lo que desde allí se ve.
Se llega a las aspilleras de fusilería por una galería corrida. Parece un castillo de juguete, vistoso y divertido, para niños. Pero en realidad era un fuerte fusilero, cabeza de una serie de fortines distribuidos por montes y riscos, principalmente en el Bajo Aragón, que formaban una eficiente red de comunicación. Desde sus cubiertas se trasmitían señales con fuego, espejos o banderas, de un castillete a otro, comunicando extensos territorios entre Zaragoza, Maestrazgo y Castellón.

Está situado en la parte más alta de Caspe, cabezo de Monteagudo, y tiene en su centro una torre como del homenaje que eleva sus posibilidades.

Fue rehabilitado por la Diputación Provincial en 1985 y acaba de instalarse un Museo de Heráldica Institucional de la Corona de Aragón, único en esta tierra. Lo atiende un Patronato y la llave la tienen en la Oficina de Turismo en el Palacio Piazuelo-Barberan.

Todo el castillo es espacio expositivo. Vitrinas con ejecutorias y armoriales. En los baluartes sorprenden maniquíes con uniformes de las Ordenes Militares.

Con orden y con coche se accede a un parque temático que entre pinos se está montando en todo el espolón. A un paso, en un paseo, posa el castillo para las fotos. Antes, la Ermita de Santa María de Horta rescatada piedra a piedra de las aguas del Mar de Aragón en 1973, restos de arqueología industrial rescatados poco a poco de ruinas y demoliciones, y un rescatado depósito de agua semienterrado que fue polvorín en la guerra incivil. Todo ello forma un conjunto turístico adornado de pinos regados gota a gota, pero no agotado porque admite más ajardinamiento, más luces, otros servicios. Algunos todavía dicen que es el Castillo del Compromiso, pero no se lo crea. Su juventud le delata. Es un castillo atípico en Aragón, pero típico en Caspe.

(Notas sobre un texto de Miguel Caballú Albiac)

miércoles, 22 de octubre de 2008

Palacio de El Viso del Marqués (Ciudad Real)


En la línea fronteriza entre los castellanos campos de Calatrava y Montiel, y las tierras andaluzas de los antiguos reinos de Baeza y Úbeda, se encuentra la villa de El Viso, feudo de don Alvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, que aquí levantó un palacio renacentista siguiendo las ideas humanistas y los ejemplos de los príncipes italianos de la época.

El exterior, sobrio, no da idea de la riqueza de su interior: patio, escalera y salones ofrecen una majestuosidad de líneas y un atractivo ornamental sorprendentes. Los 7.000 metros de pintura mural, de inspiración manierista combinan los motivos mitológicos y las escenas de exaltación militar basadas en los éxitos navales de don Alvaro y sus antepasados.

En el jardín no hay que dejar de ver los frisos de azulejos protagonizados por personajes famosos de la milicia que desfilan con todas sus galas guerreras.

jueves, 16 de octubre de 2008

Castillo de Oropesa (Toledo)


Situación
El castillo de Oropesa se alza sobre un montículo, en el denominado Campo de Arañuelo, situado en la localidad de Oropesa, en la parte más occidental de la provincia de Toledo, en las estribaciones de la Sierra de Gredos.
Muy próxima a Oropesa se encuentra la línea divisoria con la vecina provincia, Cáceres, y cerca también se encuentra la famosa localidad de Talavera de la Reina.
Historia
El castillo de Oropesa data de los siglos XII y XIII, y fue construido por los árabes probablemente sobre una construcción romana anterior. Las primeras notas ciertas sobre este castillo pertenecen al reinado de Alfonso X El Sabio, en el siglo XIII.
La villa de Oropesa y su castillo fueron cedidas en el año 1355 a Don García Alvarez de Toledo, por haber renunciado al maestrazgo de Santiago en favor de un fiel seguidor de Enrique II. Con ello adquirió también el señorío de Oropesa y Valdecorneja, más cinco villas y siete aldeas que forman la llamada "Campana de Oropesa", copropietarias hoy de extensos dehesones que llegan hasta el río Guadiervas.
En el año 1402 se construyó el nuevo castillo, que pasó, con el condado creado en 1475, a los duques de Frías. A éstos se lo compró el Ayuntamiento, que lo usó como coso taurino. Posteriormente fue adquirido por el Estado.
Esta fortaleza fue escenario de las luchas mantenidas por la sucesión al trono de Doña Juana la Beltraneja y, posteriormente, del problema comunero. Padeció varias guerras, entre ellas la de la Independencia. Históricamente Oropesa ha estado vinculada a hechos de suma importancia. Uno de ellos fue cuando sus propietarios se pusieron a favor de Doña Juana la Beltraneja en la lucha por obtener el trono y, por lo tanto, en contra de su tía, Isabel la Católica, convertiendo esta empresa en una sangrienta guerra civil. Por estos hechos Oropesa se ganó la enemistad de los monarcas castellanos.
Desde esta fortaleza, el conde de Oropesa, aliado de Padilla, opuso resistencia a las tropas imperiales de Carlos V.
Descripción y características
El denominado castillo de Oropesa está en realidad formado por dos castillos unidos, el castillo viejo y el castillo nuevo.
El castillo viejo fue construido por los árabes entre los siglos XII y XIII sobre una construcción de origen romano. Su planta es rectangular y tiene cuatro torres circulares en las esquinas, de las que hoy sólo quedan dos, y un probable antemuro con cuatro cubillos que limita con la propia villa.
El castillo nuevo, muy airoso y destacado por su situación al norte de la meseta que ocupa la población, fue construido hacia el año 1402. Su planta es también rectangular y posee torres de distinta forma en sus ángulos, construidas en parte con sillería.
En su interior hay una gran plaza a la que se accede por su única puerta, protegida por la torre principal. Desde la plaza se sube a ésta por una ancha rampa escalonada que también da acceso a todo el adarve y a las torres restantes. La escalinata del castillo de Oropesa es una de las más impresionantes de los castillos españoles.
La torre del Homenaje es el elemento más destacado de este conjunto arquitectónico. Su planta es cuadrada, es sumamente alta, 25 metros, posee cinco plantas y está rematada por cuatro garitones defensivos con saeteras cruciformes, y por almenas en las que se abren pequeños huecos para armas de diferentes clases. Debajo de las almenas hay una banda de matacanes que soporta su peso.
El Patio de Armas consiste en un gran rectángulo que alberga todas las infraestructuras de la fortaleza y donde en la actualidad se desarrollan actividades culturales.
También son interesantes la muralla y las demás torres, especialmente la del nordeste, de forma cuadrada y maciza en la parte baja, con un patio cuadrado en el piso alto y una escalera para la plataforma. Al lado se encontraban el foso y el puente levadizo.
Heráldica
Uno de los aspectos más destacados del edificio es el escudo de uno de los moradores del castillo, Don Fernando García Álvarez de Toledo, y de su mujer, Doña Leonor de Zúñiga. Este escudo se encuentra en una de las partes más destacadas y dominantes del castillo, la torre del Homenaje, que fue construida en el año 1402 gracias a él.
Actualmente se encuentra restaurado. Ha sufrido numerosos avatares históricos. En el siglo XIX fue abandonado. Como otros muchos de estos edificios, tuvo funciones totalmente distintas a las que le correspondían. Fue habilitado como casa-cuartel de la Guardia Civil. En 1930 se instauró el Parador Nacional Virrey Toledo, pero fue suprimido y vuelto a instaurar en 1966.

Castillo de Viñuelas (Madrid)


Situación
El palacio fortificado de Viñuelas y el caserío adjunto se alzan sobre una de las terrazas al este del arroyo de Viñuelas o del Bodonal, tributario del río Jarama, en el término municipal de Madrid, capital de España, cerca de Tres Cantos.
El relieve es poco marcado y no existen puntos topográficos especialmente significativos desde el punto de vista defensivo.
Historia
El monte y la dehesa de Viñuelas se incluyeron en los términos del Real de Manzanares desde su constitución en el siglo XII. La primera referencia data del año 1285, cuando Sancho IV donó las tierras de Viñuelas a García López de Saavedra y a los hijos de Ruy Sánchez. En el año 1432 fue cedido a Leonor de Guzmán, amante de Alfonso XI, a cambio de Huelva. Dieciseis años después pasó a la Orden de Santiago. Posteriormente y tras numerosos pleitos pasó al Marqués de Santillana.El emperador Carlos V para recaudar dinero para la corona, vendió la finca al Mariscal de castilla Arias Pardo de Saavedra. Tras varias ventas más fue adquirido por Cristóbal de Alvarado Bracamonte, y en el año 1697 lo heredó su sobrina, marquesa de Mejorada y de la Braña, quien mandó construir las cuatro torres angulares. Con posterioridad pasó a la corona. Carlos III y Carlos IV hicieron muchas mejoras.
Cuando se instauró la primera republica en España, la finca se subastó pasando a numerosas manos siendo uno de los últimos propietarios el duque del Infantado quien incorporo el salón gótico procedente de Cuellar además de algunos elementos traídos del castillo de Manzanares.
Descripción y características
El castillo de Viñuelas es una construcción de planta cuadrada con una torre cilíndrica de grandes dimensiones en cada esquina. El cuerpo principal tiene tres pisos y las torres cuatro. El frente norte es el principal y cuenta con dos garitas rematadas por chapiteles, un panel superior central en el que se inscribe un escudo y un balcón corrido en la primera planta y se apoya sobre columnas que forman un pórtico de entrada.
Todo el complejo exceptuando los elementos importados, está hecho de ladrillo, revestido por un enlucido de color cremoso.La parte más antigua son las torres del palacio (finales del siglo XVII), pero según una vaga referencia a una cesión de una finca se intuye la existencia de un edificio anterior. Seguramente una torre que pudiera ser del tipo de Torremocha del Jarama. Pero no se puede encuadrar cronológicamente tal información, ni precisar cualquier otra que tenga que ver con ninguna descripción.
Se encuentra en buen estado de conservación.Pertenece a una sociedad anónima que gestiona la explotación agraria y alquila los salones del castillo para usos de hostelería.
Protección
La Ley 1/1985 del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares lo califica como Parque Comarcal Agropecuario Protector y Productor. Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

Castillo de Almodóvar del Río (Córdoba)


En Córdoba los castillos se suceden en la comarca de la Subbética, fronteriza en su día con el reino nazarita de Granada.
Una de las fortalezas más soberbias se alza en Almodóvar del Río, sobre un cerro altivo y espigado por cuyos pies descienden las aguas del Guadalquivir.
El castillo de Almodóvar sufrió sucesivas restauraciones hasta cobrar, a principios del siglo XX, el cariz que hoy luce.
A lo largo de la historia no hubo cultura como la árabe en el arte de elegir el mejor emplazamiento para sus castillos. Poco tiempo después de llegar a la Península, los omeyas pusieron sus ojos en el cerro de Almudawar, cuyo significado es el redondo. En lo alto de aquel cerro erigieron una atalaya que permaneció en poder del Califato de Córdoba hasta su disolución, cumplido el año 1000. Varios gobernadores se hicieron con su gobierno hasta que en 1240 fue entregado pacíficamente al rey cristiano Fernando III, apellidado el Santo. Pedro I, conocido por todos como el Cruel, utilizó el castillo como residencia temporal y como lugar seguro donde guardar sus tesoros.
Existe una leyenda en Almodóvar del Río que recuerda el carácter codicioso y desconfiado de aquel gobernante. Al parecer, el rey estaba receloso ante la posibilidad de que le robaran sus cofres de oro y plata. Por eso hizo traer desde África una descomunal araña negra que vigilaba noche y día las cajas de caudales.
En su larga historia, el castillo también tuvo tiempo para ejercer de presidio. En el primer tercio del siglo XVII, en 1629, el monarca Felipe IV vendió la villa y el castillo a don Francisco del Corral y Guzmán, caballero de la Orden de Santiago. El precio acordado superó los 16 millones de maravedíes. Desde entonces la fortaleza pertenece al marquesado de la Motilla.
A principios del siglo XX, don Rafael Desmaisieres, conde de Torralba, encargó al arquitecto Adolfo Fernández Casanova, su recuperación. En su empeño dejó su fortuna y 36 años de su vida. El resultado no pudo ser más satisfactorio. El castillo que hoy contempla el viajero es hermano del que habitó Pedro I el Cruel o el tío carnal de Enrique III de Castilla. Rodeado de murallas, el patio de armas es uno de los símbolos monumentales de la fortaleza. A sus pies alberga un aljibe con capacidad para más de 177.000 litros de agua. Nueve torres flanquean la fortaleza, pero la más imponente es la del Homenaje, una atalaya albarrana cosida al recinto por un viaducto.
En su interior se reparten tres estancias. La planta superior es una sala de estilo mudéjar. La intermedia posee planta ochavada y la inferior fue utilizada como mazmorra en tiempos pasados.

Castillo de Tarifa (Cádiz)


Es el último castillo de Europa, la fortaleza que en otro tiempo defendió las aguas del Estrecho y que fue puerta de entrada y salida del Viejo Continente.
La fortaleza de Guzmán el Bueno de Tarifa se terminó en abril de 960. Su promotor fue el califa Abderramán III, el impulsor de la mezquita cordobesa y de la ciudad palatina de Medina Azahara. Permaneció en manos árabes cuatro siglos, pero en agosto de 1292 los ejércitos de Sancho IV El Bravo lo tomaron.
Dos años después Guzmán el Bueno sacrificó la vida de su hijo antes de entregar la fortaleza a los enemigos benimerines. Aquel hecho ha figurado en la historia como uno de los acontecimientos más singulares de la Reconquista.
Durante más de mil años el castillo de Tarifa controló el Estrecho de Gibraltar. Encaramado en una meseta rocosa de poca altura, sus torreones tienen frente a sí la isla de las Palomas y la costa africana, donde es visible con nitidez la ciudad de Tánger. En 10 siglos de intervenciones arquitectónicas, lo más curioso es que ninguna de ellas restó belleza y solidez a sus almenas, puertas, barbacanas y corachas.
El castillo más meridional de Europa, que se construyó para fortaleza militar, es hoy centro cultural durante el verano y monumento de insustituible visita cultural el resto del año.

Retortillo (Soria)


Retortillo de Soria es una interesante villa señorial.
Conserva su recinto amurallado con dos puertas, una cerca de la iglesia gótica de San Pedro, de tres naves (s. XVI), y la otra llamada de Sollera, con dos cubos almenados que fue torre y fortaleza.
En el interior de la villa merece la pena acercarse a su Plaza, que conserva la picota y sus casonas de piedra con robustos soportales de madera, balcones y escudos.

lunes, 13 de octubre de 2008

Castillo de Zafra (Badajoz)


El 1437, Lorenzo II Suárez de Figueroa, dos años después de su matrimonio con María Manuel, descendiente de la realeza castellana, inició la construcción de un Alcázar en Zafra. Las obras, concluidas en 1443, dieron como fruto un edificio en el que se buscaba más que la fábrica de un baluarte, la consecución de una residencia señorial. Su regularidad y precisión edificatoria concuerda con las construcciones palaciales góticas del siglo XV, si bien en cuanto a la decoración responde al gusto mudéjar. Muy interesantes son las pinturas de la cámara de los esposos, situadas en la torre del Homenaje, así como los techos holladeros del salón principal de la planta baja.
En época del segundo conde de Feria se completó el edificio con las techumbres dispuestas en la sala Dorada y en la capilla. En torno a 1600, en tiempos ya del segundo duque de Feria Lorenzo IV Suárez de Figueroa y Córdoba, el viejo Alcázar medieval, obsoleto y limitado, fue sometido a una profunda remodelación. Las reformas, encomendadas al Maestro Mayor de las obras ducales, Francisco de Montiel, consistieron en la construcción de un patio de mármol de líneas clasicistas, de dos nuevas alas con azoteas adosadas a ambos lados de la puerta principal y de otras tantas galerías abiertas a un nuevo jardín, que vendría a complementar a la vieja Huerta Honda como escenario de fiestas y juegos a imitación de la corte. El jardín y la huerta se abastecían del agua proveniente del gótico Pilar del Duque.
Enseguida, entre los años 1605 y 1609, se construyó un pasadizo para unir el palacio a la vecina iglesia conventual de Santa Marina, que fue reedificada al tiempo, con la intención de que formase cuerpo con la residencia nobiliaria. La iglesia y el pasadizo fueron ejecutados por maestros alarifes madrileños y por canteros extremeños, que siguieron las directrices estéticas de Juana Dormer, primera duquesa de Feria.
Completaba el conjunto de un patio de armas (hoy convertido en plaza pública), al que se accedía por la puerta del Acebuche, acceso principal del palacio en la época.
En la iglesia, convertida en Centro Cultural, se conserva la escultura orante de Margarita Harrington, cuyo legado testamentario sirvió para financiar parte de las obras.

Castillo de Almenar (Soria)


Castillo de origen árabe, ampliamente modificado en el siglo XV.
La etimología de la palabra almenar, de origen árabe y de la que existen numerosas denominaciones de villas y castillos en España, es torre de señales y como tal debió ser. en un principio la del castillo que estudiamos, aunque desgraciadamente ya desaparecida. Subsiste en cambio el resto de la edificación, adosada posteriormente a la Torre y datándose en el siglo XV y tal vez de comienzos del XVI.La primera mención a este nombre aparece en la leyenda histórica de los Infantes de Lara. Se atribuye también, sin fundamento, su posesión a un caballero catalán, por documento de Jaime I de Aragón en 1224. En 1274 Almenar figura en el censo de pueblos de Soria.En 1430, Juan II de Castilla concedió esta tierra y castillo a Hernán Bravo de Lagunas, en premio a sus servicios como embajador ante el rey de Portugal, siendo el primer Señor de Almenar y de otros términos.
Le sucedió su hijo Hernán Bravo, segundo Señor de Almenar desde 1452 y posteriormente la hija de este ultimo, dona Juana, fallecida sin herederos en 1481 por lo que el castillo pasa a su tía doña Beatriz Bravo de Lagunas, casada con el regidor de Soria don Juan de Saravia. Es con su descendencia donde aparece ya vinculado el apellido Bravo de Saravia que conservan en el siglo XVI, a mediados del cual emparientan con la casa de los Ríos. De esta unión proceden sin duda los blasones heráldicos que campean encima de la puerta.
En 1677 el castillo albergo al rey Carlos II el Hechizado y en 1702 a Felipe V y a su esposa Mª Luisa de Saboya. La decadencia del castillo comienza en el siglo XVIII con el abandono de sus propietarios, que se van a vivir a Chile, donde fundan un Mayorazgo, entroncando en esa época con los Irarrazabal.
Vinculado a la leyenda, se dice que Gustavo Adolfo Bécquer sitúa en el dos de sus románticos relatos y como recuerda una placa actual colocada en la entrada, este castillo fue cuna de Leonor, la esposa y musa de Antonio Machado.
El castillo, perdida ya su torre del homenaje, conserva su recinto exterior algo deteriorado, sus muros interiores con poderosos cubos en las esquinas y estancias palaciales, restos de foso que se salva mediante puente de dos arcos, de época tardía y que debió sustituir a uno levadizo, torres huecas de flanqueo, de varios pisos, festejadores interiores y aljibe de grandes dimensiones.

Castillo de Monterrei (Orense)


Situación
El palacio-fortaleza de Monterrei se encuentra en la provincia de Orense, comarca de Verín, municipio de Monterrei, a 72 kilómetros de la capital de la provincia.
La fortaleza se alza en la confluencia de caminos entre Sanabria y Orense, cerca del río Támega, en la zona más elevada de un hermosísimo valle, desde dónde se domina el territorio circundante. Hay que destacar su fácil acceso debido a su cercanía con los caminos que van a Orense y Sanabria, zona colindante con el vecino Portugal.
Historia
Este monumental conjunto fortificado, en el que se asentaron los linajes de los Ulloa, los Zúñiga, los Viedma, los Fonseca, los Acevedo y los Duques de Alba, fue enclave estratégico desde la Edad Media en la frontera con Portugal.
Su historia es extensa pues el valle fue poblado en el siglo X. El castillo fue constuido en el sigo XII por Alfonso Henríquez, nieto del rey Alfonso VI, y adquirió importancia en el siglo XIV con Pedro I el Cruel.
En 1506 arribó aquí Felipe el Hermoso para encontrarse con el Cardenal Cisneros. La fortaleza ha ido adaptandose a diferentes estilos a lo largo de su historia. La Torre de las Damas fue edificada en el siglo XIV. Entre los siglos XV y XVII los sucesivos condes de Monterrei construyeron el palacio renacentista, la torre del Homenaje, el hospital de peregrinos y la iglesia gótica de Santa María.
En la Edad Moderna se construyeron dos recintos abaluartados que encerraban los conventos de franciscanos y jesuitas, bajo la dirección de los ingenieros militares de Felipe IV, Juan de Villarroel y Carlos de Grunemberg. La función militar del conjunto fortificado se complementó con la importante vida cultural de la pequeña corte nobiliaria, en la que se imprimió el primer incunable gallego y se impartía docencia en gramática, artes y teología.
Descripción y características
El monumental conjunto fortificado de Monterrei constituye la "Acrópolis" más grande de Galicia, y forma un conjunto de evidente interés. Posee tres recintos amurallados sobre una alargada loma, y entre otros elementos defensivos imprescindibles destacan la torre del homenaje y la torre de las Damas. Uno de los accesos al recinto presenta un puente levadizo, elemento propio de estas fortalezas. Las almenas, los pequeños vanos y un pozo de 14 metros situado en el patio interior completan las defensas del edificio. Al patio de armas del castillo se accede por una puerta practicada en una muralla.
Lo más destacado del castillo es, sin duda alguna, la torre del homenaje, que fue construida en el siglo XV, en tiempo de los Reyes Católicos, por Don Sancho Sánchez de Ulloa, primer Conde de Monterrei. Su planta es cuadrada, tiene pocos huecos al exterior, cuenta con pequeños vanos a lo largo de sus muros, y está coronada por una barbacana con ocho cubos redondos que la interrumpen en los ángulos y lienzos. Se entra por el primer piso, donde se encuentra el puente levadizo. Sus proporciones son considerables, con muros de gran grosor y elevada altura (22,5 m), lo que le confiere un carácter impresionante.
La llamada Torre de las Damas, del siglo XIV, es de proporciones más reducidas y contigua al palacio. En ésta descansa la galería de columnas con piedras de armas en las enjutas.
El palacio de los Condes, de estilo renacentista, posee grandes galerías de arcos rebajados. Las columnas de dicha galería llevan un escudo distinto cada una de ellas. Este palacio fue construido en el siglo XVI y comienzos del XVII. Todas las piedras del recinto del castillo están grabadas con marcas de cantero.
La iglesia parroquial de Sta. María es un templo de estilo gótico de los siglos XIV a XV, con una sola nave cubierta de madera y ábside rectangular con bóveda de crucería. Destacan en lo artístico un bello retablo gótico de piedra y la portada lateral, formada por tres arquivoltas muy decoradas y el tímpano presido por Cristo y el tetramorfos.
Muy cerca de la fortaleza se encuentran restos de otra fortificación denominada Atalaya, que data de 1664 y servía de complemento defensivo.
Heráldica
En uno de sus accesos podemos apreciar el escudo perteneciente a los primeros moradores del castillo, los condes de Monterrei. No sólo aparece el distintivo de su familia, sino también los elementos más destacados de los escudos de otras familias y linajes con las que mantuvieron algún vínculo.
Estado de conservación
El estado del castillo es bastante bueno, el palacio está siendo restaurado. En su interior se conservan todavía los ornamentos que se han ido añadiendo con los distintos estilos artísticos.
Por su gran valor y belleza el castillo de Monterrei ha sido convertido en Parador Nacional. En su entorno predomina el típico paisaje verde gallego.
Se encuentra bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

Castillo de Aguasmansas (Agoncillo - La Rioja)

El Castillo de Aguasmansas de Agoncillo es uno de esos lugares de interés que no te puedes perder en tu viaje a La Rioja.
Estamos hablando de una construcción que se realizó entre los siglos XIII y XIV en esta zona de la Rioja tan estratégica en aquella época a nivel defensivo.
Se trata de todo un conjunto monumental dedicado a usos públicos y perfectamente acondicionado para ello ya que en su interior podemos disfrutar del Ayuntamiento y de la Biblioteca entre otros lugares de la Administración pública que allí nos encontramos.
Actualmente es el escudo de la Casa de los Medrano con la Cruz de Calatrava la que se puede observar como signo de uno de los últimos señoríos que disfrutó este Castillo en épocas anteriores antes de pasar a ser parte de la administración pública.
Hay documentos de los siglos X y XI que nos hablan de este Castillo ya con el nombre de aguasmamsas o aguasmuertas y que era elogiado por ser un lugar de grandes defensas y que sirvió mucho en la época para prevenir males mayores.
Los Condes de Siruela fueron los últimos habitantes de este Castillo Fortaleza en el siglo XIX, después de un periodo de semiabandono acabó siendo restaurado hasta llegar a ser lo que conocemos hoy en día en pleno siglo XX.
El Castillo de Aguasmansas de Agoncillo tiene la típica planta rectangular con una torre en cada esquina.

Castillo de Torremormojón (Palencia)


El imponente castillo destacando en lo alto de un cerro, es el mirador más importante de la comarca de Tierra de Campos.
De planta cuadrada, de buena cantería, con cubos en los ángulos.
En el interior destaca una galería intramural de unos cuarenta metros, por ella se acede a angostas cámaras rectangulares dentro de las torres, que cubren el foso con sus troneras
El espesor de los muros sobrepasa los cuatro metros. el grosor de la construcción, y los apretados ángulos de los pasadizos de conexión, da la sensación de encontrarse en un submarino de piedra.
Desde lo alto del castillo se puede observar la belleza de la iglesia de Santa María del Castillo, románico-ojival, con una bonita torre, en el interior de esta iglesia encontramos un retablo plateresco de la escuela de Valmaseda y un tríptico atribuido a Juan de Flandes.

domingo, 12 de octubre de 2008

Castillo de la Adrada (Avila)


En lo alto de una colina, y sobre restos de un castillo que fue estancia temporal de Enrique III, Juan II, Enrique IV y Reyes Católicos, se alza hoy este grandioso monumento felizmente restaurado gracias a su cesión al Ayuntamiento de La Adrada por parte de la familia García Moreno, antiguos propietarios del castillo, y al impulso de varias instituciones que lo han transformado en el Centro de Interpretación Histórica del Valle del Tiétar.
Aquel castillo, cuyas ruinas hasta hace bien poco contemplábamos, se debió construir sobre otro más antiguo de origen romano (quizás también sobre un castro celtíbero anterior ) y en donde, según la leyenda el rey Alfonso VI mantuvo un romance con la bellísima princesa Zaida, hija política de Abenabeth, rey de Sevilla, es decir Muhammad Abbad al´Mutamid (1040-1095). La bella dama se casó con el rey castellano, poco antes de conquistar Toledo;se acomodó en la corte castellana, renunció al islamismo, corriendo el riesgo de muerte que tal acción suponía entre los mahometanos, y se bautizó en Burgos con el nombre de Isabel.
Pero,según se relata en el libro Castillos de Segovia y Ávila de Javier Bernad Remon (Ediciones Lancia, 1990), el origen de este castillo, parece provenir de finales del siglo XIV cuando el rey Enrique III concede la villa de Adrada al Condestable Ruy López Dávalos quien debió edificar este castillo de sillería y mampostería granítica aprovechando los restos anteriores o incorporando una iglesia , sirviendo como lugar de esparcimiento de la realeza y nobleza castellana que encontraban en los hermoso valles y montes que le rodean abundante caza, más que para acciones guerreras.
En el siglo siguiente se levantó la torre del homenaje y se construyó un gran cubo artillero para adoptar las defensas al uso, y ya en el siglo XVI, olvidadas y desaparecidas las banderías nobiliarias y los conflictos interiores, el castillo se transformó en palacio renacentista porticado según el uso castellano.
Su posesión pasa a manos de D. Alvaro de Luna, en tiempos del rey Juan II y tras su caída en desgracia y ejecución en 1453 forma parte de los bienes de la corona, hasta que su sucesor Enrique IV lo vuelve a ceder a manos nobiliarias en la persona de su favorito D. Beltrán de la Cueva quien lo mantiene para sí y sus sucesores con el título de marquesado en el siglo XVI. En el XVII pasa a la casa de Montijo familia que lo detenta hasta mediados del siglo XIX en que pasa a la de Alba.

Según se relata en el libro "Castillos y fortalezas de Castilla y León", de Fernando Cobos Guerra y Jose Javier de Castro Fernández, publicado por Edilesa, parece ser que este castillo de La Adrada, junto con el de Arenas de San Pedro y otras posesiones, estuvo en litigio entre Juana Pimentel (la viuda de Álvaro de Luna, conocida como "la triste condesa") y el Marqués de Villena, que se quería casar a la fuerza con su hija María, y tomar posesión de sus tierras. La primera obtuvo la ayuda de Iñigo López de Mendoza (el futuro Marqués de Santillana, más famoso por su obra poética), que se casó primero con María. El rey Enrique IV requisó sus posesiones (incluyendo el castillo de La Adrada) el 10 de abril de 1461, pero Juana se sublevó. Según la crónica: "bastecio e pertrecho e puso gentes de armas de pie e de caballo en las fortalezas de Arenas e el Adrada ... fasiendo movimientos e poniendo mayores bolliçios e escandalos". Al final fue derrotada, y el hijo del Marqués de Villena se casó con su nieta, pero retuvo el castillo de Arenas de San Pedro, mientras que el de La Adrada parece que pasó a poder de los duques de Albuquerque, ya que fue donado por el mismo Enrique IV a D. Beltran de la Cueva (el supuesto padre de "la Beltraneja", según las malas lenguas). Junto con el de Mombeltran (propiedad de la misma familia) controlaba la ruta entre Castilla la Vieja y Toledo.
De este castillo solo quedaban ruinas, pero se ha podido restaurar gracias a la intervención de varios organismos europeos y españoles, con fondos F.E.D.E.R , con las aportaciones y el entusiasmo de La Junta de Castilla y León , La Diputación Provincial de Ávila y el Ayuntamiento de La Adrada .
El resultado final de esta impresionante restauración, ha sido más espectacular de lo que en un principio esperaban quienes participaron en este proyecto, y ahora una vez concluido, nos permite hacernos idea de la importancia que ha podido tener esta fortaleza en la historia de La Adrada.

Castillo de Guardamar (Guardamar del Segura - Alicante)


Historia de Guardamar

Guardamar del Segura fue la histórica colonia griega Alone fundada por los masilienses.
Los musulmanes la fortificaron y construyeron su mezquita en el año 944. Jaime I la reconquistó en el año 1264 y aunque repobló con familias catalanas pasó al Reino de Castilla por el Tratado de Almizra.
Junto al primitivo castillo Alfonso X el Sabio fundo la nueva ciudadela a finales del siglo XIII. En 1296 se incorporço al Reino de Valencia. En 1331 fue saqueada por los moros granadinos en el curso de una incursión contra Orihuela.
Durante la Guerra de los dos Pedros, Pedro I el Cruel trató de conquistar el castillo en 1338, lo que no consiguió hasta un segundo intento en 1339. Martín el Humano le concedió carta puebla en 1400. Formó parte del municipio de Orihuela hasta 1602, en que constituyó ayuntamiento con Rojales; ambas se separarían en 1770. Guardamar tuvo derecho a voto en las Cortes Valencianas.

El castillo

El castillo de Guardamar del Segura se encuentra en lo alto de un cerro rocoso situado junto a la localidad del mismo nombre en la provincia de Alicante.Se trata de un recinto alargado dividido en dos secciones. La parte superior constituye el castillo propiamente dicho, de planta poligonal, datado en la primera mitad del siglo XII y del que quedan muy pocos restos, ya que fue destruido durante el fuerte terremoto de marzo de 1829.
La parte inferior es de mayor tamaño y está rodeada por una muralla gótica que sufrió importantes modificaciones en el siglo XVI. Los elementos más importantes son algunos tramos de sus sólidos muros de tapial y sillarejo, así como los basamentos de algunos torreones y construcciones auxiliares.
La zona de más valor arqueológico es el denominado Baluarte de la Pólvora.
La villa permaneció dentro de estos muros hasta el terremoto de 1829, cuando fue trasladada al llano cercano.
El castillo de Guardamar sufrió una gran destrucción como consecuencia del terremoto de 1829.
Actualmente se encuentra parcialmente rehabilitado, y se siguen realizando en él excavaciones arqueológicas.

Castillo de Santa Bárbara (Alicante)


Situación

El castillo de Santa Bárbara se alza sobre el monte Benacantil, mole rocosa de 166 metros de altitud lindante con el mar, lo que le confería un enorme valor estratégico ya que desde la misma se divisa toda la bahía de Alicante y sus alrededores hasta Santa Pola e Isla Tabarca.
Se puede subir bien por carretera o por un ascensor, cuya entrada se encuentra frente a la playa del Postiguet.
Historia
En las ladera de esta roca, llamada Banu-lQatil por el geógrafo musulmán Al-Idrisi (siglo XII), se han encontrado restos arqueológicos de la Edad del Bronce, ibéricos y de la época romana, si bien el origen de la actual fortaleza data de finales del siglo IX, durante la dominación musulmana.
El 4 de diciembre del año 1248, día de Santa Bárbara, y de ahí el nombre, el infante Alfonso de Castilla, futuro rey Alfonso X el Sabio, arrebató esta plaza a los árabes. En el año 1296 Jaime II tomó posesión del castillo para la corona de Aragón, y ordenó su remodelación. Casi un siglo después Pedro IV el Ceremonioso mandó rectificar el recinto, y a comienzos del siglo XVI el rey Carlos I ordenó su fortificación. Hasta el reinado de Felipe II no se produjo la gran reforma del castillo, con la construcción de las dependencias que en su mayoría hoy contemplamos. Las obras duraron desde 1562 a 1580, según proyectos de Juan Bautista Antonelli y Jorge Palearo "El Fratín".
Los bombardeos que sufrió Alicante en el año 1691 por la escuadra francesa y las acciones bélicas llevadas a cabo contra el castillo durante el período 1706-1709, durante la guerra de Sucesión, en que estuvo en poder de los ingleses, afectaron gravemente a todo el recinto que sufrió la última acción militar en 1873, cuando la fragata acorazada "Numancia", en manos de rebeldes cantonalistas de Cartagena, lanzó sus proyectiles sobre la población y su castillo, que sería desartillado veinte años después.
Descripción y características
Este castillo se divide en tres recintos bien diferenciados.Al primero de los recintos, el más alto, se le conoce con el nombre de "La torreta", por encontrarse en él la vieja Torre del Homenaje. Posee los vestigios más antiguos de toda la fortaleza, unos basamentos de los siglos XI al XIII. En este recinto se encuentran el llamado Baluarte de los Ingleses y otras dependencias como el Parque de Ingenieros, la Sala Noble (que fuera hospital), la Casa del Gobernador, etc.
La explanada más elevada es conocida por el nombre de "Macho del Castillo", y allí estuvo situada la antigua alcazaba. También se encuentra en este recinto la famosa garita
El recinto intermedio corresponde a las dependencias más importantes concluidas en el año 1580, tales como el Salón Felipe II, el antiguo Cuerpo de la Tropa frente al amplio Patio de Armas a cuyas espaldas se hallan las ruinas de la ermita de Santa Bárbara, el Cuerpo de Guardia, el Baluarte de la Reina, etc.
Del siglo XVIII data el recinto inferior donde encontramos el Revellín del Bon Repós, que hace actualmente las funciones de aparcamiento y en el que se ubica el monumento al ilustre militar alicantino Félix Berenguer de Marquina que fuera capitán general de Filipinas y virrey de Nuevo México.
El gran escudo de mármol blanco (siglo XVIII) que hay sobre la puerta de acceso al segundo recinto se hallaba en el Real Consulado del Mar, edificio destruido por una explosión.

Castillo de Fuentidueña de Tajo (Madrid)


El castillo de Fuentidueña de Tajo se encuentra sobre un cerro que domina la población llamado Loma del Castillo, junto al cementerio de la localidad de Fuentidueña de Tajo, en la provincia de Madrid.
Se encuentra bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.
Existen indicios de que pudo ser construido en el siglo XII y ampliado o reconstruido en el siglo XIV. Su historia está relacionada con la Reconquista y con los reyes Alfonso VI y Alfonso VIII, el primero por ser el conquistador de estas tierras a los musulmanes y por su romance y casamiento con Zaida, la princesa mora y el segundo por la Reconquista y por dar los Fueros y el mercado a la Villa.
Aquí estuvo recluida Doña Urraca, la mujer de Alfonso I el Batallador, que, según la leyenda, por las noches pasaba a través de los pasadizos a visitar a los moriscos.También estuvo prisionero el adelantado Pedro Manrique, por orden de Juan II.
En 1474, don Gabriel Manrique, conde de Osorno y comendador Mayor de Castilla, hizo prisionero y confinó en el castillo de Fuentidueña a don Diego López Pacheco, segundo marqués de Villena, en las pugnas que ambos mantenían por la obtención del Maestrazgo de Santiago a la muerte del padre de don Diego, don Juan de Pacheco, primer marqués de Villena.
Se encuentra en ruina progresiva, con algún tramo consolidado. Es propiedad de Ayuntamiento de Fuentidueña de Tajo. Antiguamente se utilizaba como depósito de agua, pero hoy está sin uso. Es de acceso libre.

Castillo de Monterreal (Bayona - Pontevedra)


El Castillo de Monterreal debe su nombre a los Reyes Católicos quienes en 1497, mandaron amurallar la villa para prevenirla de los continuos ataques de los piratas. Los Reyes Católicos ordenaron a la población de Baiona que pasase a vivir dentro del recinto amurallado, pero no fue ése el deseo de los vecinos, que tan sólo aceptaron los designios de los monarcas unos años.
Después, la fortaleza se fue convirtiendo en residencia de los diferentes gobernadores militares de la fortaleza, entre ellos el conde de Gondomar.
Situado en el Monte do Boi, es un recinto amurallado con partes dobles por el lado del mar. Construido entre los Siglos XVI y XVII, en su interior se conservan diversas edificaciones entre las que destacan la airosa torre del Príncipe, mirando al océano, las torres del Reloj, hacia tierra, y la de la Tenaza, en la bahía. En la torre del Principe estuvo prisionero un miembro de la casa de Austria.
Aunque la muralla fue construida hacia 1337 (según se deduce de una cédula dictada por el rey Alfonso XI), parece que el castillo ya existía desde el siglo X. La fortificación de Monte Real se levantó a causa de las desavenencias entre Alfonso XI y el rey de Portugal.
A la entrada está la Torre del Reloj (que escondía una campana que servía para dar la alarma en caso de ataque enemigo); al este se yergue la Torre de la Tenaza, cuyo cometido era defender el puerto mediante unas baterías de tiro, y, en la parte más oriental de la fortaleza, sobre la bahía, está la Torre del Príncipe, quizá la más antigua, que actuaba como faro para los navíos. Ésta última tiene tres escudos (de los Austrias, de los Sotomaior y el de la villa) y debe su nombre a que en ella estuvo preso el príncipe portugués Afonso Enriques en el 1137.

Hoy el recinto de Monterreal está convertido en Parador de Turismo y mantiene las tres torres desde las que se vigilaba la fortaleza.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Castillo de La Calahorra (Granada)


En la provincia de Granada el castillo más emblemático es el de La Calahorra que fue mandado construir por Rodrigo de Vivar y Mendoza, hijo de Pedro González de Mendoza, el Gran Cardenal de España. La historia se ha ocupado profusamente de este último personaje, primado de España y consejero personal de Isabel la Católica. Sin embargo, su hijo fue un ilustrado hombre de letras y artes que tuvo el arrojo de construir en una comarca olvidada de la provincia de Granada una de las fortalezas palaciegas más deslumbrantes de cuantas salpican el territorio nacional.

Heredero de las corrientes estéticas que primaban en la Italia del siglo XVI, don Rodrigo heredó de su padre el marquesado del Zenete. El castillo de La Calahorra ocupa la cima de un envalentonado otero desde el que se advierte una impagable vista de Sierra Nevada y el Altiplano granadino. Por fuera la fortaleza es dura e inexpugnable. Nada hace pensar que dentro de sus gruesos muros se erija un soberbio palacio renacentista. Está flanqueada por cuatro torreones cilíndricos que lo esquinan. En su interior todo cambia. El patio señorial es un vivo ejemplo del estilo renacentista. Para construirlo don Rodrigo trajo hasta esta villa al arquitecto Michele Carlone, uno de los más reputados artistas lombardos de la época.

Dominando el altiplano que forma el Marquesado, sobre los pies del castillo se extienden sus casas, mientras que la iglesia de la Asunción, trata de competir con la solera de la fortaleza. Situada en la plaza de la Constitución, es testigo, en las fiestas, del cambio del foro que se convierte por unos días en plaza de toros para celebrar los encierros. El altiplano del Marquesado contrasta con los imponentes "muros" que forman Sierra Nevada. Mientras que, en el centro, el castillo de La Calahorra, forma una singular mezcolanza. Aires morunos que se entrelazan con los más finos y elegantes trazos del Renacimiento italiano.

Castillo de Uclés (Cuenca)

Situación

El castillo convento de Uclés se alza sobre un cerro alargado en la zona más alta de la localidad del mismo nombre, al noroeste de la provincia de Cuenca.

Historia

Este castillo, construido a principios del siglo X, fue una importante fortaleza musulmana. En el año 1157 pasó a manos de Alfonso VII, posteriormente a la Orden de San Juan y luego a la de Santiago. En el año 1528 el castillo fue destruido, y se construyó el monasterio de estilo herreriano.

En el siglo XIX, con la desamortización de Mendizábal, la orden tuvo que abandonar el edificio.Esta zona es una mezcla de las culturas musulmana y judía, como lo demuestran los restos históricos que aún quedan. Los judíos fueron expulsados por los Reyes Católicos en 1492 y los árabes fueron aislados en 1502, y Uclés se convirtió en una fusión de culturas defendidas tras los muros del castillo.

Descripción y características

De la estructura primitiva de esta fortaleza quedan tres torres con un muro que las une y la muralla en zigzag. Como elementos defensivos de la fortaleza destacan las torres del Homenaje y la de Plata. Una de ellas es albarrana, elemento defensivo árabe que consiste en separarla del edificio y unirla a él por medio de un pequeño puente. Ambas torres son de planta cuadrada, pero carecen de remate en almenas. La una se une con la otra por medio de un muro. Una de ellas consta de cinco plantas y de ella partía la muralla árabe.

Otra nota significativa de la fortaleza es su muralla en forma de zigzag, o con aspecto de cremallera. Este sistema servía para dotar al edificio de una amplia visibilidad sorteando las torres y los ángulos que limitaban la visión, haciendo muy difícil el acceso al recinto. Este sistema no aparece en las fortificaciones de otras zonas. Su ubicación en un montículo elevado es también una característica defensiva, pues dificultaba el ataque.

El material utilizado en su construcción fue la piedra escasa o nulamente labrada, como es costumbre en la mayoría de estos edificios. Para la construcción de la muralla se utilizó piedra de Segóbriga, ciudad de origen romano. La piedra de la muralla está trabajada en sillería. Los materiales se extraían de lugares cercanos a la propia construcción.

El castillo está restaurado. De la antigua fortaleza musulmana, sólo quedan las torres y la muralla. El resto es obra posterior a la Orden de Santiago, orden a la que perteneció hasta la desamortización de Mendizábal. Su restauración se centra en las zonas que más daño han sufrido.

Este castillo convento es propiedad compartida entre el Ayuntamiento de Uclés y la Iglesia católica, y su uso es, por una parte turístico y por otra seminario y colegio.

Fue declarado Monumento Nacional el 3 de junio de 1931. Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

Castillo de Belimbre (Soria)


Localizado a unos dos kilómetros al oeste de Santa María de Huerta, en las proximidades del arroyo que le da nombre, encontraremos las ruinas del que fuera el castillo de Belimbre.

Cerca de este se encuentran los restos de la antigua Huerta, según un artículo publicado en Celtiberia y que recoge recientemente el padre Agustín Romero en su obra El Císter en Soria: "...existe ese tal castillo [Belimbre]; a pocos metros del mismo hay vestigios de un poblado, precisamente en el ángulo que forma la bifurcación del camino de la vega y el de Montuenga. Podemos pues situar aquí mismo la antigua villa de Huerta y los restos de la llamada aldea de Huerta, que subsistirían cuando los monjes ocuparon el cenobio".

Situado en la línea defensiva del Jalón, mantiene a la vista el castillo de Montuenga de Soria a unos 3 kms hacia el oeste. Situado sobre un alto cerro y con amplia extensión, se conservan dos cubos redondos macizos, sobre bases rectangulares, que flanquean un grueso lienzo. La fábrica de éstos es de mampostería bien alineada y con cierta tendencia a estar dispuesta en tizones oblicuos, con grandes y toscos sillarejos en su base. Un tercer cubo macizo se encuentra desprendido y arrastrado ladera abajo por el lado este del cerro, presentando igualmente una base rectangular.

El terreno es por este lado algo más abrupto y se sitúa sobre el arroyo de Belimbre y el camino. En el interior los restos de un aljibe excavado en la roca. Apenas documentado históricamente, el castillo de Belimbre es sin embargo el centro de la leyenda de "La hermosa de la mancha roja", recogida por Florentino Zamora Lucas. Cuenta esta leyenda cómo Don Suero del Valle, en época de Alfonso VI, ataca el castillo de Belimbre y la amurallada villa de Huerta, defendidos por el alcaide almohade Aben-Zaide que tenía una hermosa hija, Zulima. Aben-Zaide muere de manos de Don Suero y su hija es puesta bajo su protección. Años después Don Suero casará con Doña Luz y tendrá un hijo. Una noche Zulima provoca un incendio en la villa y aprovechando la ausencia de Don Suero asesina a su mujer y rapta a su hijo en venganza, pero es descubierta y cuando se ve atrapada se lanza desde la torre. Se dice que de noche puede verse el fantasma de Zulima bajando al río para lavar de su pie, sin conseguirlo, una mancha de sangre de Doña Luz. En Madoz leemos "...dentro de esta circunferencia [el término] se encuentran las ruinas de dos antiguos castillos.". Uno de los castillos es Belimbre, pero ¿cuál es el otro? Localizado por el Marqués de Cerralbo, en 1909 se realizan las excavaciones de un castillo o castro celtibérico, estudiado posteriormente por Taracena, en el que destaca las enormes piedras utilizadas. Este aparejo será denominado por Taracena como "ciclópeo" ("castro ciclópeo").

Castillo de Jarandilla (Cáceres)


También se le conoce como Castillo de Carlos V. Está situado en la localidad de Jarandilla de la Vera, en la parte central de La Vera de Cáceres, muy cerca de Plasencia.
La villa de Jarandilla de La Vera perteneció a la ciudad de Plasencia durante casi toda la Baja Edad Media. Su historia es igual a la de Plasencia: su origen es musulmán y durante el reinado de Alfonso VIII se volvió a fundar. En el año 1311 fue posesión de la Corona y en 1369 fue entregada por Enrique II a los Álvarez de Toledo.
Hay constancia de la realización de obras de fortificación a mediados del siglo XV, lo que suscita la alarma y la reclamación de los Zúñiga de la ciudad de Plasencia, sin embargo las obras siguieron adelante y posibilitaron las construcción del castillo que puede verse en la actualidad, aunque algunos elementos ya se han perdido. La guerra de la Independencia también hizo sus estragos en él.
En el año 1556, Carlos V se alojó en el castillo a la espera de que se concluyera la construcción de su residencia junto al monasterio de Yuste. Aunque del carácter austero del Emperador no habría que esperarse lujo alguno, sí al menos una imagen de nobleza y dignidad, que indudablemente también se proyecta desde este tipo de construcciones.Es curiosa la descripción que hacen del recinto algunos escritores como Gervasio Vela Y Nieto. Comparan el edificio con un lugar paradisíaco lleno de jardines, arboledas y árboles frutales como el limonero. No sólo muestran sus apetitosos frutos, sino que aluden también al sugerente perfume que dejan por las estancias del palacio. También se elogia el gusto decorativo del edificio.
El castillo dibuja una planta de forma rectangular muy simétrica, con un patio en el centro. Contó con un recinto exterior que contribuía a regularizar el terreno circundante. Dentro de este existía un segundo recinto murado más contundente, que estaba flanqueado con cubos y torrecillas redondas en los lienzos y esquinas, como todavía puede verse en el flanco de la parte trasera y, sobre todo, en lo que debió ser la puerta principal de esta barrera, que también se conserva abierta entre dos cubos cilíndricos flanqueantes que aún mantienen importantes recursos defensivos, como las troneras, almenas y adarves que recorren la parte superior y, sobre todo, los restos de un foso que permite suponer que originariamente contaba con un puente levadizo, existiendo ahora otro fijo, de obra.
En el interior está el cuerpo principal del castillo, de forma cuadrangular en torno a un gran patio central, con torres cilíndricas en dos de sus esquinas y prismáticas, de mayor volumen, en las otras dos, todo recorrido en lo alto por una sucesión de canecillos a modo de cornisa, donde pudo sustentarse un posible almenaje en voladizo.El flanco septentrional, entre las dos torres prismáticas, está ocupado por las dependencias más importantes, incluso con un atractivo corredor porticado de dos pisos, todo de estilo gótico, con una estructura especialmente atrevida en el piso alto donde además de un pretil de tracería calada, cuenta con arcos carpaneles muy planos.
En los otros lados también se adosan otros edificios de servicio, aunque aquí las transformaciones han sido mayores.
La torre del homenaje se eleva por encima del resto del edificio. En ella se abren una serie de ventanas que son de reciente construcción, sin embargo, aparecen pocos vanos que den al exterior del edificio. Toda la estructura está rematada en una cornisa amatacanada. La torre del homenaje carece de almenas, nota significativa de este tipo de construcciones defensivas.
En la actualidad el castillo se encuentra en perfecto uso, desarrollando sus funciones como Parador Nacional de Turismo Carlos I, y aunque fueron precisas las correspondientes obras de rehabilitación, ha de decirse que el inmueble reunía condiciones para esta función, lo que reafirma la idea de que cuando a mediados del siglo XV se concibe su construcción se dota al edificio con los recursos castrenses habituales y, al mismo tiempo, con las condiciones, volúmenes y espacios necesarios para el disfrute de una vida acomodada, como si de un palacio se tratara, en esa dualidad castillo-palacio propia de la arquitectura militar desde el siglo XV.
Se encuentra bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

Castillo de Frías (Burgos)


La localidad de Frías se encuentra al noreste de Burgos. El castillo, que es uno de los castillos roqueros más espectaculares de Castilla, se eleva sobre un peñasco conocido como La Muela, asemejándose a un águila posada oteando el extenso valle de Tobalina, y a escasos metros del río Ebro sobre el que hay un puente medieval fortificado bastante bien conservado.
Su historia se remonta a las primeras fortalezas del siglo X. Tuvo un gran valor estratégico en su lucha contra los musulmanes. Fue entregado a la corona en 1202, por los Armengol.
A finales del siglo XII el rey Alfonso VIII le concedió nuevas defensas.En 1446 el castillo fue cedido a la familia de los Velasco, a Don Pedro Fernández de Velasco, duque de Frías, quien lo reformaría y restauraría. Como protesta, los habitantes se refugiaron detrás de las gruesas murallas, por lo que las tropas de los Velasco lo asediaron y lo cercaron en 1450 durante varios meses hasta que sus defensores se rindieron por hambre y sed.
Fue abandonado después de la guerra de la Independencia.
El castillo actual es una mezcla de construcciones de los siglos XII, XIII, XV y XVI. Se aísla del pueblo mediante un foso excavado en la roca. Encima se coloca el puente levadizo y una estrecha pasarela que conduce a una doble puerta rectangular que servía de defensa. De ahí nos dirigimos a un barrera de doble muro. El más alto presenta dos gruesos cubos circulares en los extremos.La esbelta torre del homenaje se eleva desafiante y es independiente del resto de la construcción.
Posee defensas propias. Tiene planta poligonal y está realizada en mampostería con preciosas torrecillas, elevadas sobre modillones en las esquinas, y una original terraza con almenas. Se considera la más fotogénica de la provincia de Burgos.
El interior es cuadrado y posee distintas dependencias adosadas en las que encontramos restos de tres ventanales románicos con capiteles historiados, un pozo central y los restos de una torre que comunicaba con el camino de ronda, hoy desaparecido. Se encuentra restaurado, consolidado y adecentado. Se reconstruyó la barrera con almenas. El interior está vacío. En la actualidad, pertenece al Ayuntamiento. Está destinado para uso turístico.
Se encuentra bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.