miércoles, 29 de abril de 2009

Castillo de Montiel (Ciudad Real)


Rodaron por los suelos, rotos, los escudos que en labrados mármoles blasonaban la torre del homenaje; se hundieron sus nervadas bóvedas, como el poderío de los freires santiaguistas, y en sus altos matacanes, desdentados ya de almenas, vienen a anidar las aves de rapiña, y evacuado de guerreros entró la vegetación a adueñarse del histórico castillo. Ni muros, ni puentes, ni torres detienen ya al curioso visitante de aquella desolación. Fue baluarte romano, visigodo, árabe y cristiano; hoy, nada.También tienen estas piedras enojosas cuestiones que contar.

Reforzaron el castillo los caballeros de Santiago. En la preponderancia del feudalismo, un caballero era alcaide de la fortaleza, sin más freno que su albedrío. Quiso para sí una fuente del pueblo y mandó prender a quien fuese a ella por agua, y los ballesteros llenaron pronto de indefensas mujeres los calabozos del castillo.

Mas los vasallos de Montiel y de Jumilla se levantan en armas contra el señor, invaden el castillo arrollando a sus defensores, matan al comendado y libertan a las mujeres.

Más importante fue en Montiel el desenlace de la fratricida lucha entre don Pedro el Cruel y su hermano el bastardo de Trastámara. Las Órdenes militares con la nobleza estaban por éste, y al castillo de Montiel vínose el rey, ignorando que hacia aquí venían también su enemigo y hermano.

Custodiaba el castillo García Morán, y aunque el maestre le prohibió acoger al monarca, creyó inútil resistir al ejército que le acompañaba y le abrió las puertas para pernoctar. A marcha forzada viene don Enrique con los maestres y sus gentes a sorprender al enemigo al amanecer.

Avisado don Pedro, se apresta a la defensa y, mientras son arrolladas sus gentes, se encierra en la fortaleza. Don Enrique le acorrala en el cerco; y se desespera viendo transcurrir los días sin esperanza de salvación. ¿A qué referir una vez más la traición que se hizo con don Pedro para matarle en la noche del 22 de marzo de 1369? Todos los historiadores, con más o menos detalles, con mayor o menor certeza, la cuentan, y sabida es la horrible escena en la tienda de Beltrán Du Guesclin, donde le sorprendió la presencia del bastardo, que lo mató con la ayuda ajena. Fueron recompensados los cómplices y asesinos, y el castillo de Montiel (mausoleo del rey castellano) siguió regido por los caballeros freires de Santiago. Y acabó hundiéndose, al igual que su poderío.

viernes, 10 de abril de 2009

Castillo marquesal de los Vélez (Vélez Blanco)


Tras el monte Maimón, en los estribos de la encumbrada Sierra de María, lejos de las grandes urbes, y donde no llega el silbido de la locomotora, estála pintoresca villa de Vélez Blanco, que fue cabeza del marquesado de los V élez, cuyo castillo señorial perdura en pie, mostrando su arquiectura renaciente de recia sillería.

Para incorporar a la Corona la ciudad de Cartagena, que pertenecía en señorío al adelantado de Murcia don Pedro Fajardo, los Reyes Católicos, en 1503, le dieron en permuta las villas de Vélez Blanco y V élez Rubio, pueblos mudéjares fronterizos al reino de Murcia, con el título de marquesado del os Vélez, con otros lugares vecinos y cuantiosas rentas. Aún no concluida la suntuosa capilla de los Vélez en la catedral de Murcia (postrimerías del arte gótico decadente), ya emprendió el marqués en Veled-Albiad (hoy Vélez Blanco) la gigantesca obra del palacio señorial o castillo de mármoles y bien labrada cantería al gusto italiano renaciente; maravillosa obra, comenzada en 1506 y terminada en 1515, sobre las ruinas de un castro romano y de una alcazaba mora, de área mucho mayor que la actual mansión castellana, cuya base es un hexágono irregular que se estrecha en ángulo agudo en su extremo norte. Sus muros son de imponente elevación, rematando en cubos y almenas adornadas con esferas pareadas, y domina el conjunto de tan severa y artística arquitectura la gigante mole de su torre del homenaje. Adosado a este cuerpo principal hubo, por la parte sur, otro edificio exterior unido por doble arco de salvaguardia y el puente levadizo, ya desaparecido, frente a la puerta de entrada, situada en inaccesible altura. Actualmente, para entrar, hay que subir por una ventana cuya altura se salva con una escalera de mano. Todo lo grato que resulta contemplar el gigante monumento de tostada piedra, desde el exterior, contrista el ánimo la visita al interior del recinto, por los destrozos lamentables cometidos en él, a trueque de lucro de 80.000 pesetas (según rumores del vulgo), importe de la venta verificada por un copropietario del señorial monumento, a sabiendas del duque de Medina-Sidonia, quien no impidió que emigrasen a Francia los bien labrados sillares del claustro y ventanales del patio de armas y demás maravillas arquitectónicas y ornamentales del monumento, las cuales, por el puerto de Cartagena, fueron llevadas al de Marsella, a fines de mayo de 1904.

Traspuesta la entrada que hubo al final de la rampa y puente levadizo, se encbntraba el visitante en un gran patio de honor, que es cuadrado, y que lucía en dos de sus lados galerías superpuestas de arcos rebajados, que se apoyaban en cilíndricas columnas; todo ello bien labrado en Italia, en mármoles de Carrara; y en los otros dos lados, cercados por fuertes muros, se abrían ocho ventanales de estilo plateresco también superpuestos, cuatro en cada cuerpo de edificio, mostrando jambas y dinteles decorados y sus alféizares ornamentados con blasones, follajes y otros adornos. En los blasones alternaban los emblemas de los apellidos Fajardo, Chacón, Lacueva y Silva, o sean, los de los progenitores y los de las esposas del fundador Pedro Fajardo. De este patio, verdadera maravilla del siglo XVI, sólo queda ya el devastado solar, mostrando por el suelo, esparcidos, algunos bloques de mármol, rotos fustes, fragmentos de cornisas, algunos balaustres y una curiosísima gárgola representando la Fecundidad. Esta parte del castillo ya no podemos verla en España, pues está reconstruida (galerías y ventanales) en Francia, en un castillo remedo del deVélez Blanco, que un rico parisiense posee en las afueras de la capital de la vecina República, enriquecido con los magníficos artesonados de madera labrada, preciosos zócalos de azulejería mudéjar, solados de alicatados, elegante escalera de mármol con intradós y azulejería plateresca de reflejos metálicos, puertas de nogal tallado, frisos esculturados, tapices, bronces y otras maravillas lastimosamente arrancados para siempre de la mansión señorial de Vélez Blanco, a cambio de un puñado de pesetas. Se asegura que solamente de la puerta de bronce, vendida con los mármoles y maderas del castillo, pagó un embajador inglés al anticuario francés que las expatrió una crecidísima suma de libras esterlinas. En el friso del artesonado que existía en el salón de triunfos del castillo, se representaba, en relieve, la entrada en Roma de Tito, triunfador después de la destrucción de Jerusalén. Entre los guerreros que acompañaban al conquistador esculpió el artista el retrato del marqués de los V élez, vestido a la romana y ostentando su escudo nobiliario. Según otra versión, además de este alto relieve hubo en el mismo salón de Triunfos otro relieve, también labrado en mármol, representando el triunfo del marqués Fajardo, virrey de Nápoles, sobre los moriscos. Igualmente ha desaparecido la colección de tapices de otro salón; eran magnificos y colgados con anillos metálicos dorados al fuego. En la sala de la Mitología hubo doce medallones esculturados a gran relieve en madera, representando la vida de Hércules. En otra estancia contigua al salón de triunfos existió otro cartesonado de nogal muy valioso. En la parte norte de la muralla había una poterna de bronce de unos 20 centímetros de espesor, que mostraba fundida una corona de laurel surmontada por la cruz de Santiago, teniendo en el centro las armas de los Fajardo. Y, siguiendo la forma rectangularde este inabordable castillo, la siguiente leyenda,con caracteres romanos: «Dominus custodiat introitum tuum, exitum tuum in hoc nunc et usque inseculum Luis fecit anno mil y D y XV.» La ins-cripción que corre bajo el alero del patio de armas dice así: «Petros Fagiardvs marchio de veliz primvs. Ad regni Mvrcie quintvs prefectvs sue prosapie. Hanc aedem in arce titvli erexit. Ceptvn opvs anno ob ortvs Cristi millessimo qvingentessimosexto. Perfectvm anno qvinto decimo svpra millessimvn a qvingentessimvm.» En lugar de aquella inscripción pudiera haber hoy la siguiente: «Toda la parte artística que enriqueció este palacio fue comprada a bajo precio y desmantelada en 1904 por monsieur Colber, que la ha montado en su chalet de París.»Si merecida tiene este castillo la reciente declaración de monumento nacional, ¿con cuánta mayor razón no la hubiera merecido antes de su lamentable devastación artística?
(Castillos de España de Carlos Sarthou Carreres)

La Alhambra y la alcazaba. (Granada)


«(Corona de piedra en la que incrustó cada rey uno de sus tesoros; libro en que procuraban todos ellos consignar su gloria desde Alhamar, su fundador. Cada piedra es una leyenda y cada patio una lección para la historia del Arte. Creció de siglo en siglo, y de día en día fue aumentando su esplendor. Cuando estuvo cubierta de oro y colores, ciñó de jardines sus murallas, cuando, a la caída de sus reyes, era ya diadema de Granada.» Así dijo de la Alhambra Pi y Margall en su libro Granada.
Sopena de dejar en esta página un lunar más a sumar a otros de este libro, casi podíamos prescindir de la descripción de la Alhambra, cuando tantas y tan buenas se han publicado ya en otras obras de arte y de historia, en guías de turismo y en artículos de revistas, tanto en España como en el extranjero, con respecto a este monumento, cuya fama rebasó los linderos de la patria para repercutir por todo el mundo. Gómez-Moreno, catedrático de Arqueología árabe en la Universidad Central, en un artículo que publicó en El Arte en España, afirmó, con razón, que este magnífico alcázar empezó siendo uno de tantos castillos como en las guerras civiles del siglo IX ayudaban a mantener la comarca granadina sometida y aún rebelde al poder de los emires cordobeses. El recinto de la alcazaba, sita en la punta del cerro que domina la población, no era grande, ni sus defensas considerables, y por los matices de sus muros y colorido de las rocas en que se asentó recibió la denominación de Calat Alhamrá (Castillo Rojo), en 888. A su sombra creció la población, que hubo de amurallarse en unión del castillo, quedando incorporado éste a aquélla, como amparo o amenaza de Granada, cuyo señorío pendía del dominio de la alcazaba. Cuando en el siglo XIII se afirmó en el gobierno de Granada la dinastía mora de los reyes nazaríes, Mohamed-ben-Alhamar sentó su morada en la Alhambra, reforzando sus fortificaciones, levantando nuevos muros y defensas, así como las torres de la Vela, del homenaje y otras; abasteció de aguas el castillo, trayéndolas del Darro; amuralló su vivienda y quizá construyese jardines y otras obras, que continuó su hijo y el tercer rey Mohamed, a quien se debe la mezquita real, luego convertida en iglesia de Santa María. Pero la gran masa arquitectónica de la Alhambra se debe a la otra dinastía del siglo XIV. El xv fue de progresiva decadencia, y a fines de dicha centuria, en los albores del año 1492, los Reyes Católicos conquistaron Granada, sustituyendo, en la torre de la Vela, de la Alhambra, la media luna por la Cruz, coronando con tan fausta victoria la epopeya de ocho siglos de reconquista, que inició don Pelayo en Covadonga y culminó el Rey Católico en la última ciudad mora de España. Boabdil salió para siempre de su dorado alcázar, entregando a los Reyes Católicos sus llaves con las de la ciudad perdida.
Ya cristiano el castlllo-palacio, sus nuevos dueños lo repararon, valiéndose de los mejores artífices moriscos. En el siglo XVI perjudicaron la obra el terremoto de 1522 y la explosión de 1590. La reparación del XVII le hizo perder carácter moruno, y en el XVIII el abandono fue ya completo. Para las tropas napoleónicas, en la guerra de la Independencia, la bellísima Alhambra granadina no mereció, sin duda, más consideración que la de un vulgar castillo, que, al abandonarlo en 1812, bárbaramente lo volaron en parte. Isabel II inició la restauración, que en nuestros tiempos se intensificó, en el meritísimo monumento nacional. Y como fortaleza no nos interesa el palacio que el emperador Carlos V comenzó a construir dentro del recinto de la Alhambra.
Sánchez Cantón señala la iniciación del apogeo de la Alhambra a mediados del siglo XIII, bajo Mohamed-ben-Alhamar, que edificó la parte que se llama alcazaba, si bien el maravilloso conjunto actual lo construyeron Yusuf y su hijo, levantando el primero la muralla, con sus veinticuatro torres que circundan la montaña (las del noroeste, cobijando los palacios), y Mohamed VII fue quien decoró maravillosamente una de las torres mayores, sin que nada notable añadieran ya sus sucesores. Y señala este autor como detalles más notables interesantes para nuestro estudio, en el monumento, las puertas de la Justicia y del Vino, patio de los Arrayanes o de la Alberca, pórtico del siglo XIV, salón de Comares o del Trono, patio de los Leones (de 28,50 por 16 metros su planta), sala de Dos Hermanas (de tiempo de Mohamed V), con el mirador de Lindaraja, salas de los Abencerrajes, de los Reyes y otras (con bellísimas yeserías y azulejos), torres, baños, etc.
Lo primero que hemos de ver en la real fortaleza es la puerta de la Justicia, que se construyó a mediados del siglo XIV, grave y sencilla, al fondo de un torreón y a través de un arco de herradura. Los Reyes Católicos la mandaron surmontar con una imagen de la Virgen María. Traspuesto este arco gigante, de primitivas puertas herradas, y los tres espacios abovedados que cobijan la rampa hasta la plaza de los Aljibes, penetraremos por la puerta del Vino, dejando la alcazaba a un lado y el palacio de Carlos V al otro, para visitar el palacio real moro, que es único en el mundo y edificado en la Edad Media. Está formado de tres grupos principales de edificación, el primero (en parte arruinado y en parte rehecho), con la torre Machuca, el Mejuar y el mihrab u oratorio musulmán. Por el patio colindante con pórtico y sala se penetra, por la magnífica fachada de doble puerta, al palacio de Comares, que es la segunda y principal parte de la Alhambra o palacio de los reyes moros granadinos. Su salón del Trono, contenido en gigantesca torre, es de cuadrada planta, de más de 11 metros por lado, con magnífica y alta bóveda de maderas ensambladas y policromadas de fantásticos dibujos estrellados. Los muros se cubren de yeserías minuciosamente decoradas, y los zócalos son de bellos alicatados. Precede a este gran salón la sala de la Barca, cuyo dorado techo de madera se incendió, y el patio de la Alberca o de los Arrayanes, de 36 por 23 metros en su piso cuadrilongo, muestra en su centro un prolongado estanque, que sirve de espejo a las puertas y ventanas de las salas que las abren a este gran deslunado. Al cuarto de Comares recaen los baños, casi subterráneos, con bóvedas taladradas y arcos sustentados por columnas, al estilo de todos los baños árabes. A su vez, comunican con la sala de las Camas. Contiguos están el patio de los Cipreses y el jardín de Lindaraja. Los salones altos tienen techumbres y decoración mural ya renaciente de la restauración cristiana. Es de notar que todas las decoraciones primitivas se enriquecen con inscripciones arábigas en las cenefas, con versículos del Alcorán o poemas muslímicos. Y la tercera parte del palacio moro es a base del magnífico patio de los Leones, verdaderamente maravilloso por los claustros árabes de la última época. La taza del surtidor central la sustentan doce leones de piedra, que han dado nombre a este patio, que, contemplado desde la entrada a través del templete extremo, rememora los cuentos de hadas o los palacios encantados de Simbad el Marino en Las miil y una noches. Las galerías laterales comunican con viviendas quizá de las favoritas. En el ángulo sudoeste está el elevadísimo portal de elegante cúpula gallonada. Hay que ver la vecina sala de Dos Hermanas, original estancia del palacio, con su bóveda de almocárabes amedinados con prodigios de decoración, y el afiligranado mirador de Lindaraja, uno de los bellos detalles de la romántica mansión. A la parte opuesta del patio de los Leones está la sala de la Justicia, y fuera del edificio, separado del fortificado palacio, el arruinado cementerio real, donde fueron enterrados los despojos de los reyes moros creadores de estas raras maravillas que aún hoy hace famoso en el mundo este castillo guerrero que terminó siendo palacio real.
La alcazaba, otro monumento nacional de Granada, fue construida sobre restos de otra fortaleza visigoda en el siglo XI, con piedra, cal y arena, en fuerte hormigón. Las torres son macizas y esquinadas de piedra en sus bases. Se conserva bien en la parte de las puertas de Bibalbonud, Hernán Román, Nueva y Monaita.


(Castillos de España de Carlos Sarthou Carreres)

sábado, 4 de abril de 2009

Castillo de las Altas Torres (Alarcón)


Situación - El castillo de Alarcón se encuentra situado en una zona muy estratégica entre las dos partes que forman la hoz del río Júcar a su paso por la localidad de Alarcón, al sur de la provincia de Cuenca y no muy alejado de la línea fronteriza con Albacete.

Historia - Los orígenes de Alarcón se pierden en los tiempos. Hay vestigios de la presencia de asentamientos íberos y romanos, aunque su nombre actual procede de tiempos de la dominación árabe.
En el año 780 se refugió en Alarcón, fingiéndose ciego, Muhamed el Feheri, hijo del depuesto reyezuelo de Toledo. También prestó asilo a Abderramán, y escondite de Omar Ibn Hafsun, azote de los emires cordobeses.
Después de la conquista de Cuenca en 1177, Alfonso VIII dirigió sus tropas hacia Alarcón, y en 1184, tras nueve meses de asedio, las tropas formadas por caballeros extremeños y capitaneadas por el asturiano de origen real Martín de Ceballos entraron en la ciudad, después de que, según se cuenta, Martín de Ceballos escalara las paredes de la muralla apoyándose sobre dos dagas vizcaínas.
Más tarde se anexionan a Alarcón todos los territorios conquistados en buena parte de la Mancha conquense y albaceteña, y se le concedió fuero propio. La Orden de Santiago construyó en Alarcón un Hospital de Peregrinos.
Alfonso VIII estableció su corte en Alarcón durante cas todo el año 1211, preparando la decisiva batalla de Navas de Tolosa (1212), en la que se destacó el Consejo de Alarcón, con su propio ejército.
A principios del XIV las tierras de Alarcón fueron cedidas al infante Juan Manuel, quien escribió al abrigo de sus muros la mayor parte de su obra literaria, y restauró la fortaleza.
Finalmente pasó a ser dominio del marquesado de Villena, con el que los Reyes Católicos tendrían numerosas disputas en su intento por reducir el poder feudal de la época. En esta época Alarcón fue protagonista de sus últimas batallas, ya que se convierte en el centro de la resistencia del marquesado frente a los monarcas. En el año 1471, el marqués buscó refugio entre los muros de esta fortaleza a causa de su enfrentamiento con las tropas de los Reyes Católicos. El desenlace de tal pugna terminó con la imposibilidad de los reyes de tomar el castillo, por lo que se firmó un tratado.
Ya en el siglo XIX, sufrió las guerras carlistas. A partir de entonces, comenzó su restauración.
DescripciónEl castillo, de planta trapezoidal, es una fortaleza de gran volumen enclavada en un alto promontorio rodeado por el río Júcar. Destacan la torre del Homenaje y dos estructuras cúbicas. El conjunto se completa con la puerta, dos torres más y la muralla que rodea todo el recinto.
La torre del Homenaje, de aspecto renacentista, es la parte más destacada e interesante de toda la edificación. Su planta es rectangular y posee una gran altura, sobresaliendo del resto de las estructuras. Lo más característico es su remate en doble almenado para su defensa, y su emplazamiento estratégico. En los muros se abren una serie de vanos.
Además de la torre del homenaje, hay que destacar la puerta que da acceso al edificio junto con las dos torres, la del Campo y la del Calabozo. Luego, se pasa al recinto fortificado en sí, compuesto por dos estructuras cúbicas: una con forma de semicírculo y otra con forma de pentágono.
La muralla está formada por tres recintos defensivos en los que se abrían siete puertas que conectaban el exterior con la ciudadela. Alarcón conserva perfectamente el aspecto árabe y medieval del momento y mantiene en buen estado sus fortificaciones más importantes.
Estado de conservaciónCuando en el año 1964 pasó a manos del Estado, comenzaron las labores de restauración y se transformó en Parador Nacional de Turismo. Se encuentra en buen estado. En el año 2003 se acometen obras en él.

Propiedad y uso - El castillo estuvo en manos privadas hasta que en el año 1964 el Estado expropió el terreno a Rafael Álvarez Torrijos, el último miembro de la familia propietaria. Hoy día es propiedad de la Red de Paradores Nacionales del Estado, y alberga el Parador Nacional de Turismo Marqués de Villena.