Selección por provincias

sábado, 29 de marzo de 2014

Castillo de Montuenga de Soria

La villa de Montuenga viste un terno de ese color bermejizo que resulta tan característico en amplias zonas del mapa soriano. Su castillo, sobresaliente por su emplazamiento y por su airosa silueta, se integra con notable eficacia en este panorama monocromático. A pesar de su arruinamiento, la fortaleza conserva un aire de singular belleza que hace recomendable su visita. No espere, empero, el visitante encontrar mucho más que una bella estampa.
Reseña histórica
Poco se conoce de su historia, salvo su condición de integrante del cordón de fortificaciones medievales que protegía el valle del río Jalón, alineándose en esta función defensiva junto a las fortificaciones vecinas de Arcos de Jalón, Somaén y Jubera.

Características arquitectónicas
Acomoda su silueta oblonga al teso donde se instala. Su estructura es sumamente sencilla. Eleva sendas torres de planta poligonal en cada uno de sus extremos. Dos muros de mampostería cierran un angosto espacio interior. Confiaba su protección al desnivel vertical de las franjas rocosas que rematan el cerro sobre el que se eleva.

Estado de conservación
Sólo se conservan restos arruinados de las dos torres y parte de un lienzo principal.


(Los castillos y fortalezas de Castilla y León - Carlos M. Martín Jiménez)

Castillo-palacio de Cuéllar

Cuéllar es villa de rancia tradición medieval. Situada en territorio estratégico, soporta fricción permanente entre los ejércitos musulmán y cristiano durante el período histórico próximo al fin del primer milenio. La furia devastadora de Almanzor se hizo notar en la villa con motivo de una de sus conocidas aceifas -año 977-, Cuéllar quedó arrasada. Tras la conquista de Toledo, el pretendido -y cuestionado- "desierto estratégico" del sur del Duero se consolida como territorio de los reyes cristianos, quienes impulsan decididamente su repoblación. Se erige, entonces, Cuéllar en cabeza de Comunidad de Villa y Tierra y pronto alcanza gran relevancia, viéndose distinguida con el favor de los monarcas castellanos. Alfonso X, mediante la concesión de Fuero privilegiado, consagra definitivamente la preponderancia de la plaza.
Reseña histórica
La importancia estratégica que adquiere Cuéllar tras su repoblación desencadena un inusitado afán fortificador. La villa se convierte en inexpugnable, gracias a un complejo sistema de amurallamiento múltiple. En el lugar más elevado del entorno, sobre una plataforma apartada del casco urbano, se levantó un castillo que ha sufrido íntegra transformación. Parte del recinto exterior del actual conjunto está formado por la muralla construida en el siglo XIII. En 1433 la fortaleza pertenecía a don Alvaro de Luna, quien refuerza los muros del recinto interno y ordena construir un torreón cilindrico. En 1464 el monarca Enrique IV entrega la villa a su favorito, conde de Ledesma y duque de Albuquerque, don Beltrán de la Cueva. Este destacado personaje será el artífice principal de la edificación de la estructura del conjunto que ha llegado a nuestros días, con las modificaciones introducidas, entre los últimos años del siglo XV y mediados de la centuria siguiente, por sus sucesores don Francisco -segundo duque- y don Beltrán de la Cueva -tercer duque de Alburquerque-.

Características arquitectónicas
Tiene planta trapezoidal, que se remata en sus ángulos con tres torres cilí
ndricas y una cuadrangular. Se protege todo ello con barbacana defensiva. Apenas quedan vestigios del foso que debió rodear las partes más vulnerables del conjunto. Muestra el edificio una interesante hibridación entre conceptos palaciegos y planteamientos estrictamente militares. Esta indefinición se acusa de manera muy particular en una de las torres angulares, donde las soluciones defensivas se incrustan en torreones abiertos al exterior mediante balcones que hablan de un cariz claramente residencial. En el muro meridional hallaremos restos de esgrafiado de círculos tangentes que decora el mampuesto. El cubo más espectacular del castillo se aloja en el ángulo que mira a poniente. Su construcción se atribuye a don Francisco de la Cueva, quien debió ordenar su edificación en los últimos años del siglo XV. Su robusta composición supera los tres metros de grosor. Cuenta el castillo con un hermoso patio construido a mediados del siglo XVI bajo inspiración estilística renacentista. Nos muestra un ala portada de doble altura en la que resulta muy llamativo el empleo de arcos escarzanos, notablemente rebajados, que apean sobre interesantes capiteles. Este tipo de arquería se repite en un balcón portado y amatacanado sobre ménsulas que corona la fachada meridional.
Estado de conservación
Ha llegado hasta nosotros íntegro y en buen estado de conservación. Pertenece al Duque de Alburquerque, quien lo ha cedido al Ministerio de Educación y Cultura. Acoge un centro docente.


(Los castillos y fortalezas de Castilla y León - Carlos M. Martín Jiménez)

martes, 25 de marzo de 2014

Castillo de Monteagudo de las Vicarías

Las vicarías que apellidan a Monteagudo consisten en privilegios de concesión real que la villa obtuvo en el último cuarto del siglo XIII. La existencia de su recinto amurallado no parece responder tanto a la confrontación bélica con el ejército musulmán como a necesidades de defensa fronteriza entre los reinos de Castilla y Aragón.
Reseña histórica
El castillo se reedifica sobre la planta de otro anterior, a partir de 1415, por iniciativa de Juan Hurtado de Mendoza, quien había heredado la fortaleza de su madre María Ruiz de Ayllón. Continuaba el inmueble perteneciendo al linaje Mendoza cuando en 1475 obtiene el condado de Monteagudo y cuando en el siglo XVI se construyen las galerías porticadas del patio interior.

Características arquitectónicas
Proyecta planta pentagonal, en cuyas esquinas se alzan torres de diferentes formas que cumplen funciones de contrafuertes. La torre del homenaje muestra planta octogonal. Todo el perímetro superior aparece recorrido por almena. Edward Cooper adivina en su estructura tres detalles característicos de los castillos de mediados del siglo XV: "el adarve volado sobre una ménsula, varias puertas con arcos góticos, protegidas por matacanes, y unas troneras redondas". El patio interior renacentista, fechado en el siglo XVI, ha sido restaurado y remozado, perdiendo su pátina original.

Estado de conservación
Es de propiedad municipal. Conserva la parte esencial de su estructura original. Ha sido restaurado con vistas a su aprovechamiento como centro cultural y museo.


(Los castillos y fortalezas de Castilla y León - Carlos M. Martín Jiménez)

miércoles, 19 de marzo de 2014

Castillo de Ucero

Ejemplar descollante entre los castillos roqueros, ocupa un emplazamiento impresionante, magníficamente dotado para la estrategia militar defensiva. Sólo las lejanas crestas de La Galiana dominan la fortaleza. El acceso hasta la plataforma del teso que ocupa requiere fatigosa ascensión. Pero la panorámica que se divisa desde tan privilegiado mirador es sobrecogedora, y compensa cualquier esfuerzo de aproximación. La atalaya domina el pueblo y el río de su mismo nombre. Este último acaba de recibir las aguas del tributante río Lobos, que forma en las inmediaciones de su desembocadura un impresionante cañón rocoso de belleza impar.
Reseña histórica
La construcción del castillo se atribuye al obispo de Osma, Juan de Ascaron. Proponen los historiadores el año 1302 como fecha a partir de la cual pudo ponerse la primera piedra. El prelado había adquirido la villa de los herederos de Juan García de Villamayor, quien la había tomado por la fuerza para garantizar su fidelidad al monarca Fernando IV. El recinto - que cumplió funciones como presidio de clérigos - fue reforzado por el obispo Pedro Montoya a mediados del siglo XV. La última reforma del edificio se produce en torno a 1465, y se debe al obispo Honorato Juan, que dejó seña de su dominio mediante la instalación de su escudo sobre la puerta principal del castillo.

Características arquitectónicas
Todo el conjunto se protege con una barrera externa de forma irregular, que acomoda su silueta al rocoso substrato que le sirve de base. Dentro del primer cerco defensivo se instala la estructura de doble recinto del castillo. El elemento arquitectónico mejor conservado es su esbelta torre del homenaje. La pérdida del remate de matacán corrido que apoyaba sobre la fila de ménsulas que aún se conserva contribuye a acrecentar un aspecto característico de las torres de planta cuadrangular de algunas iglesias románicas. Son muy hermosas las ventanas geminadas que se abren en la planta superior del homenaje, que se cierra con espectacular bóveda de crucería. Para garantizar el abastecimiento de agua se dispuso la construcción de una mina o galería subterránea que permitía la conexión entre el recinto fortificado y el río Ucero.

Estado de conservación
Conserva restos arruinados de sus dos recintos y una muy hermosa torre del homenaje que ha llegado a nosotros bastante completa. Es de propiedad estatal. Carece de uso.


(Los castillos y fortalezas de Castilla y León - Carlos M. Martín Jiménez)


Castillo de Caracena

Caracena ha visto hundirse su censo de población por debajo de la docena de habitantes. Para el servicio de tan escasa población continúa disponiendo de dos monumentales iglesias románicas y un amplio y desparramado caserío. Y poco es lo que hoy queda de cuanto Caracena tuvo. Cuentan los historiadores que la villa extendía su caserío hasta los pies mismos del castillo con que se protegía. La soberbia fortificación se encaja entre farallones rocosos, en un teso que se eleva sobre la villa. Caracena perdió la población, pero no su genuino sabor medieval, que se paladea en sus calles centenarias, en las que el tiempo parece discurrir lentamente, en un desesperado intento de retener la cercanía de su glorioso esplendor medieval.
Reseña histórica
A partir del siglo XII Caracena es repoblada y se convierte en próspera cabecera de Comunidad de Villa y Tierra. Desde mediados del siglo XIV la villa pertenece a la familia Tovar. Los historiadores atribuyen a don Juan de Tovar la reedificación del núcleo central del castillo, que debió hacerse efectiva en la segunda mitad del siglo XV. En todo caso es muy incierta la cronología de las obras de este edificio, que se habría alzado sobre restos de otro anterior, del que se aprovecharon algunos fragmentos de fachadas y murallas. En 1485 la corona confisca la fortaleza a Tovar y se la entrega a Alonso Carrillo en compensación por su contribución económica en los episodios bélicos en que se vio envuelta la monarquía. Las torretas que flanquean el vano de acceso a la albacara fueron levantadas durante el dominio de la fortaleza por la dinastía Carrillo.

Características arquitectónicas
Ocupa la plataforma superior de un teso formado por dos profundas hendiduras naturales de las que se sirve para su protección. Se distinguen claramente los restos de dos fases de edificación. Hacia el mediodía y hacia el sudeste se conservan fragmentos semidescompuestos de viejos lienzos de una primitiva barrera externa, construida con mampostería grisácea. Esta muralla, que unía los dos barrancos entre los que se alza el castillo, fue levantada, posiblemente, en el siglo XII. La segunda etapa constructiva corresponde a la edificación del núcleo central del castillo, que luce una coloración más encendida, producida por el empleo de una cantería de tinte algo herrumbroso. Proyecta planta trapezoidal con romboide inscrito en una de sus esquinas. Tiene doble recinto guardado con foso. El muro exterior distribuye diez cubos huecos, dispuestos para el empleo de armas artilleras. Sendas murallas que parten del muro occidental y se proyectan hacia el barranco contiguo forman una albacara o patio anexo cuya finalidad posiblemente sería la de dar cobijo a tropas o a ganado en caso de asedio, El recinto interno, al que se accede superando tres puertas con dispositivos defensivos, sigue el diseño de la muralla externa. Ha perdido uno de los tres esbeltos cubos que repartía por sus paredes. La torre del homenaje ha llegado hasta nosotros desmochada y parcialmente arruinada. A pesar del desgaste de sus paramentos, del expolio de sus materiales en puntos estratégicos para la presentación del conjunto y de la pérdida de todo su remate, conserva un aspecto imponente y un cierto aire de garbosa galanura arquitectónica.

Estado de conservación
Aun cuando muestra notable deterioro en algunas partes básicas del paramento, ha conservado buena parte de su estructura original. Los sillares que formaban troneras y ventanas han sido expoliados. Es de propiedad particular y carece de uso.


(Los castillos y fortalezas de Castilla y León - Carlos M. Martín Jiménez)

jueves, 13 de marzo de 2014

Castillo de Osma

La plaza de Osma se alza sobre el asentamiento que durante la domlnación romana ocupara la Importante ciudad de Uxama. La población continuó ininterrumpidamente habitada hasta que el avance de la invasión musulmana alcanzó la frontera del Duero.
Reseña histórica
La villa de Osma fue reconquistada por tropas del ejército cristiano en el año 912, y posteriormente arrasada por las huestes musulmanas. Ambos ejércitos se suceden en el dominio de la fortaleza a lo largo de la décima centuria, hasta que en el año 989 el sanguinario guerrero cordobés al-Mansur - conocido en el bando antagonista como Almanzor - decide destruirlo. Habrá que esperar hasta la segunda mitad del siglo XI para asistir a la definitiva recuperación del recinto por el ejército vernáculo. A comienzos del siglo XIII el monarca Enrique I confiere la titularidad de la fortaleza al obispo de Osma. Juan Núñez de Lara toma por la fuerza el castillo, pero poco tiempo después se ve obligado a devolverlo a la corona a cambio de su libertad. En el último cuarto del siglo XIV, bajo reinado de Juan I, el edificio vuelve a manos del obispado. Los historiadores piensan en años cercanos a 1456 para datar la construcción de la denominada Torre del Agua, último elemento arquitectónico que se incorpora al conjunto fortificado. Era, entonces, obispo de Osma don Pedro de Montoya.

Características arquitectónicas
Las características del conjunto mueven a los historiadores a la convicción de que el planificador de la obra era perfecto conocedor de las técnicas constructivas de los alarifes musulmanes. Muestra triple recinto compuesto por sucesivas barreras defensivas. La más interna acomoda su silueta a la orografía del abrupto cerro en que se asienta. La disposición de su batería de saeteras recuerda el modo constructivo de las fortificaciones sorianas del siglo XIV, por lo que los expertos piensan que el edificio que ha llegado hasta nuestros días debió erigirse en dicha centuria. La torre del castillo se alza sobre el promontorio rocoso más elevado del cerro de cuya protección se sirve el conjunto. Tiene singular forma pentagonal y forma parte de la estructura original del castillo. Al pie del edificio, cerca del río Ucero, se alza la Torre del Agua de planta semicircular prolongada, cuya misión consistía en abastecer al castillo con las aguas fluviales.

Estado de conservación
Conserva únicamente una torre y vestigios de los tres recintos que acotaban el conjunto. Es de propiedad pública y carece de uso.

(Los Castillos y Fortalezas de Castilla y León - Carlos M. Martín Jiménez)

lunes, 10 de marzo de 2014

Castillo de Vega de Bur

El famoso castillo de Ebur aparece mencionado en el año 967 con el nombre de "Eburi". Bajo su protección se reúnen Flayna, que procede de una casa de monjas de Monzón, su hermano Juan, del cercano monasterio de Santa Eufemia de Cozuelos, y su pariente Julián para fundar el monasterio de los santos Justo, Pastor y Pelayo con el fin de reparar una falta cometida por este último, dotándolo con varias heredades y sometiéndolo a la protección del cercano monasterio de San Cosme, Damián y Santa Eufemia de Cozuelos y de su abad Taurino.
En 1059 aparece nombrado como cabeza de un alfoz en el documento por el que Fernando I fija los límites de la diócesis palentina. Años después la tenencia del castillo estaba en manos de Alvaro de Lara hasta la venta del pueblo por parte de Fernando III.
Aparece en el Becerro de las Behetrías, en 1352, como behetría de Don Tello, hijo del rey Alfonso XI, teniendo por naturales a los Lara. Pagan al rey servicios y monedas pero no yantar ni fonsadera. A su señor le pagan seis maravedies, y en concepto de infurción una fanega de trigo y cuatro sueldos el que tiene una yunta de bueyes, o la mitad si no tiene bueyes o sólo uno. Además pagan 30 maravedies a los herederos de Ruy Gutiérrez de Quexada por martiniega.
En el Catastro de Ensenada, a mediados del siglo XVI, figura como señorío del Duque de Frías. Constaba la población de sesenta y nueve casas, cuatro de ellas inhabitables, pagando infurción a las monjas de Santa Fe de Toledo. Tambien, pagaban diezmos y primicias por las tierras de pan llevar.
Tuvo gran importancia en la defensa de la zona de la Ojeda hasta el siglo XII en que es reemplazado por el de Herrera de Pisuerga, como cabecera de un territorio más amplio. A finales del siglo XVI pertenecía a la jurisdicción de Herrera dentro de la merindad de Monzón.
Su emplazamiento pudo estar situado en el monte, a dos kilómetros de Vega de Bur, en el pago conocido como Castillo de la Vega, cerca del cual se levanta un Santuario en honor de la Virgen del Rebollar, patrona de La Ojeda. Desde sus 1021 metros de altura se domina la carretera que une Herrera con Cervera de Pisuerga cruzando La Ojeda, así como la iglesia del que fue monasterio de Santa Eufemia de Cozuelos y las ruinas del castillo de San Pedro el Alto al que algunos vecinos identifican como el de Ebur.





sábado, 8 de marzo de 2014

Torre de Langa de Duero

La torre de Langa - parte de lo que debió ser castillo completo - vigila el último tramo del fluir del río Duero sobre cauce soriano. La fortificación jugó en época medieval un papel relevante como baluarte defensivo de la frontera marcada por este importante referente geográfico.
Reseña histórica
No existen datos documentados sobre el origen de esta fortaleza. En la documentación que registra la cesión de la villa a Don Rodrigo Díaz de Vivar por el monarca Alfonso X no se recoge mención alguna que pudiera hacernos presumir la existencia en aquellas fechas del castillo. Por ello los historiadores retrasan hasta el siglo XIV o XV la fecha de su edificación. En su casi vacío libro de efemérides se anota la anécdota histórica de la reclusión entre sus muros de un hermano del Almirante de Castilla llamado don Enrique, apresado por orden de Alvaro de Luna a mediados del siglo XV.
Características arquitectónicas
Una vigorosa torre de recia cantería es el único elemento arquitectónico del castillo que ha sobrevivido a los avatares históricos y a los sistemáticos expolios de materiales que debieron motivar la desaparición del recinto externo. Tiene planta cuadrangular. No presenta, en su sobria fábrica, otro resalte que su remate almenado. El acceso a su interior se verificaba a través de la segunda de las plantas en que se distribuía su interior. Se ha apuntado la posibilidad de que en el subsuelo del entorno existiesen cámaras subterráneas -hoy cegadas- para acoger tropa, almacenes de suministro y caballerías. En cualquier caso la limitación del espacio que brinda el cerro donde se asienta mueve a pensar que el edificio original debió ser de reducidas dimensiones.
Estado de conservación
Aunque conserva casi íntegra la estructura de la torre, algunas deficiencias en los paramentos parecen aconsejar obras de consolidación. Su emplazamiento sobre un teso aislado del caserío ha propiciado el abandono que sufre.

(Los castillos y fortalezas de Castilla y León - Carlos M. Martín Jiménez)

viernes, 7 de marzo de 2014

Castillo de Ledesma

Cuenta Ledesma con amplia tradición histórica, de la que restan como vestigios ancestrales un puente y unos baños de origen romano. Tras los avatares de la invasión musulmana del siglo VIII y la posterior repoblación por la monarquía leonesa, la villa fue recobrando paulatinamente su antiguo esplendor, hasta conseguir un entorno urbano en el que podemos paladear magníficas esencias de su rica historia.
Reseña histórica
Las primeras obras de fortificación de Ledesma datan de los tiempos de su repoblación, acaecida a mediados del siglo XII bajo el impulso delmonarca leonés Fernando II. Debió, entonces, construirse una tosca muralla defensiva de la que aún restan algunos fragmentos. Sirvió de base para la edificación posterior del castillo. En la decimotercera centuria encontramos la plaza de Ledesma bajo dominio del infante de Castilla Don Pedro, hijo de Alfonso X. La villa pasa por sucesivas manos, hasta llegar a la titularidad de Don Alvaro de Luna en 1445. Tras el ajusticiamiento de quien fuera valido real la villa retorna a la corona. Hacia 1462 Enrique IV dona Ledesma y su conjunto fortificado a don Beltrán de la Cueva. Los Reyes Católicos confirmaron, pocos años después, la donación. La fortaleza permanecerá al menos durante tres siglos en poder del linaje del presunto padre de Juana la Beltraneja.

Características arquitectónicas
El recinto externo del castillo se configuró mediante la construcción de un muro que cerraba un espacio angular de la muralla construida en tiempos de la repoblación. Los archivos históricos municipales han conservado planos del castillo que nos permiten recomponer su estado anterior a la pérdida múltiple de elementos arquitectónicos que ha sufrido. Con la posible finalidad de aislar el castillo de los tramos contiguos de muralla se construyeron dos torreones semicirculares en los extremos del muro de cierre, en cuyo tramo medio se encontraba la entrada principal, abierta en una torre cuadrada flanqueada por cubos. Estos componentes arquitectónicos -hoy desaparecidos- debieron rematarse en los primeros años del siglo XIV. Las obras de remodelación realizadas en la fachada meridional, consistentes en la consolidación del recinto y la instalación de dos torres -una pentagonal de buena sillería y otra troncocónica compuesta con sillarejo- son de incierta datación. Los expertos las sitúan entre la segunda mitad del siglo XV y primeros años del siglo XVI. En todo caso, la heterogeneidad estilística de ambos torreones nos indica que estas adiciones no responden a un único proceso de reforma sino a la sucesión de varios proyectos. Tampoco ha llegado hasta nosotros la torre del homenaje, de planta rectangular, que se construyó en el interior del recinto.

Estado de conservación
Los restos que han llegado hasta nuestros días han sido afianzados, por lo que muestra aspecto de "ruina consolidada". Es de propiedad municipal y se integra en un parque público.


(Los castillos y fortalezas de Castilla y León - Carlos M. Martín Jiménez)

lunes, 3 de marzo de 2014

Murallas y fortaleza de Fernán González - Sepúlveda

Tras su conversión en cabecera de Comunidad de Villa y Tierra, Sepúlveda registra un esplendor que lleva a la villa a reunir en su solar más de una veintena de templos, acreditando condición de población tolerante donde convivieron armónicamente musulmanes y gentes de las denominadas religiones del Libro.
Reseña histórica
El origen de la fortificación de la villa entronca con el episodio de la repoblación, que de manera escalonada afecta a las localidades de la Extremadura castellana y leonesa. Tras la victoria de Simancas -año 939- el Rey leonés Ramiro II extiende el dominio de las huestes de tradición hispana hasta el límite del Duero, y sienta las bases para el avance de las tropas cristianas hacia confines más meridionales. El conde castelIano Fernán González lidera las tropas que toman Sepúlveda, arrebatando la villa a sus alcaides musulmanes, cuyos nombres -Abubad y Abismen- nos facilita el cronista Diego de Colmenares. Garci Fernández, hijo del conde castellano que conquistó la población, se ve obligado a retroceder en el año 984, ante el avance implacable del caudillo del califato cordobés Ibn Abi Amir, más conocido por su sobrenombre de Almanzor -Al-Mansur bi-llah, que viene a significar "victorioso por Allah". Habrá que esperar hasta 1010 para asistirá la definitiva
recuperación de Sepúlveda para Castilla. Sancho García, nieto de Fernán González, toma la ciudad para convertirla en eje de la línea de repoblación cristiana al sur del Duero.

Características arquitectónicas
Del milenario castillo, cuya construcción se atribuye a Fernán González, apenas queda un fragmento de fachada, compuesto con mampostería, en el que se intercalan tres estilizados cubos. Tan escasos vestigios se nos muestran camuflados tras una fachada que en el siglo XVII se adosó al conjunto, y desfigurados por la instalación de una espadaña de tipología neoclásica sobre el cubo central. Cuentan los cronistas que las ventanas abiertas en el tramo superior del lienzo superviviente tenían por finalidad posibilitar al clero una discreta vía de contacto visual con las fiestas populares. Mejor suerte ha deparado el transcurso del tiempo al recinto amurallado, que aún conserva cuatro de las siete puertas que tuvo la muralla -conocidas con los nombres de Azogue, Postiguillo, Guerrilla, Fuerza, Portillo, Duruelo y del Río-.

Estado de conservación
Apenas permanece en pie algún muro del castillo, camuflado entre edificaciones adosadas, y algunas puertas de la ciudad. El sabor medieval que destilan las calles de Sepúlveda justifica, sin embargo y de manera inobjetable, la visita a la villa.


(Los castillos y fortalezas de Castilla la Vieja - Carlos M. Martín Jiménez)

Castillo de Castilnovo

En la soledad de una llanada tapizada de campos de cultivo y retazos forestales, carente de cualidades estratégicas, esta soberbia muestra de arquitectura militar manifiesta una filiación típicamente mudejar, con el inequívoco aire palaciego que confiere a los edificios militares la proliferación de ventanales y balcones.
Reseña histórica
La parquedad de las fuentes históricas impide recomponer los orígenes de este magnífico edificio militar. La realización acodada de la entrada y la disposición de las torres sirven a los expertos para pronosticar que la fecha del inicio de su construcción debe situarse entre comienzos del siglo XIV y los primeros años de la siguiente centuria. Don Alvaro de Luna contribuyó decisivamente, a partir de 1439, a la formación de la actual estampa del edificio con el impulso de importantes obras en el ángulo suroriental. El marqués de Villena y Juan de Stúñiga preceden a los Fernández de Velasco en la titularidad del castillo, que -al igual que el edificio de Pedraza- servirá como presidio de los hijos del rey francés Francisco I tras la batalla de Pavía.

Características arquitectónicas
La cronología de las obras es compleja. La parte sustancial de su estructura responde a obras emprendidas entre los siglos XIV y XV. Don Alvaro de Luna parece ser el impulsor de la construcción de dos torreones y un lienzo de refuerzo, así como de algunas instalaciones interiores. Ladrillo, mampuesto y ripio son los componentes fundamentales de su fábrica. El tratadista Cooper distingue en el conjunto dos unidades estructurales bien diferenciadas. La primera se caracteriza por su composición a base de mampostería con encintado de ladrillo -equiparable a la que don Alvaro de Luna utiliza para decorar su castillo de Escalona, mientras que la segunda se distingue por el empleo de troneras de "bola y cruz" . Su planimetría nos desvela un diseño irregular de forma trapezoidal. En los ángulos de uno de los muros se elevan dos contundentes cubos. Un tercero, más estilizado, se intercala entre ambos. Dos torres cuadradas y una trapezoidal completan el conjunto de resaltes del esbelto edificio, cuya vocación de verticalidad es rasgo característico de su muy acusada personalidad. La profusión de ventanas geminadas -algunas con doble arco de herradura e Incrustadas en el muro con simulación de alfiz- embellecen de manera muy notable el conjunto. Muy hermosos son, también, los balcones amatacanados que cuelgan, sobre contundentes ménsulas, del torreón principal.

Estado de conservación
Ha sido restaurado íntegramente. Pertenece a los marqueses de Quintanar y es gestionado por la Asociación Cultural Hispano-Mexicana. Cuenta con museo y destina sus dependencias a diferentes actividades, que incluyen el alojamiento de visitantes.


(Los castillos y fortalezas de Castilla y León - Carlos M. Martín Jiménez)

Castillo de Tiebas

Teobaldo I ordenó la construcción del castillo hacia el año 1250 y concedió en 1264 a sus habitantes el Fuero de los francos de Estella, configurándoles como hombres libres. Su nombre se atribuye a la predilección por las tierras orientales de los monarcas de la Casa de Champaña, quienes marcharon a las Cruzadas y pudieron nombrarla con el mítico nombre de la Tebas griega o la Tebas egipcia.
En el siglo XIV obtuvo la categoría de Buena Villa con asiento en Cortes. Detentaba además el cargo de preboste, encargado de la persecución de malhechores. Su cárcel fue pródiga en encarcelamientos, especialmente en 1280, con 26 presos provenientes de la Guerra de la Navarrería, pues como narra el canto 98 del poema de Annelier “a todos los que habían causado enojo los hizo ahorcar y empalar. A todos los demás los hizo llevar presos a Tiebas y morir de dolor. Jamás vi a ningún hombre vengarse tan bien”. Se refería al gobernador Beaumarchais tras conquistar y arrasar la Navarrería en 1276.
El castillo se reformó en 1321 como archivo real, depósito de la Cámara de Comptos, custodia del tesoro y prisión. Carlos II en 1364 nombró al judío Salomón de Polbroc alcaide, y también disfrutó con las chanzas del juglar Bonafox (también judío), a quien otorgó una pensión vitalicia.
En 1378 se acusó de cobardía al gobernador, el caballero Berrio, cuando la fortaleza fue atacada y destruida por los castellanos. Además, talaron los frutales y robaron el ganado de la población, por lo que Carlos II les eximió de la mitad de las pechas. Lo peor del ataque fue el incendio, pues ardió buena parte del Archivo de Navarra y nos ha privado de conocer un pedazo de nuestra historia. Así lo relataba el padre Moret en sus Anales: “El capitán castellano Pedro Manrique entregó a las llamas aquel hermoso castillo y juntamente con él las memorias de la antigüedad que más podían ilustrar los tiempos de nuestra historia, para hacer eterno el dolor que siempre nos debe causar una vez sepultadas tantas luces en aquel montón de ruina y cenizas”.
Tras ser reconstruido, lo adquirió Juan de Beaumont en 1445. En 1494 se libraba la guerra civil entre agramonteses (partidarios de los reyes navarros) y los beamonteses (aliados de los castellanos) cuando el rey Juan de Albret atacó el castillo, en poder de Luis de Beaumont, apoderándose temporalmente de la fortaleza. Pero las tornas cambiaron en 1512 con la conquista de Navarra, cuando la alianza beamontesa con Castilla impidió que fuera demolido por Cisneros.
En 1654, el Condestable de Navarra denunció a varios vecinos por robar piedra del castillo, lo que confirma que estaba abandonado. Todavía fue utilizado durante la Guerra de la Independencia, ya que se empleó para emboscadas en el paso a Tafalla y fue testigo de una sangrienta batalla en 1810 entre cuatro batallones de Espoz y Mina contra más de tres mil soldados franceses.
Se encuentra hoy en ruinas, pero se trabaja en él para consolidar su estructura. Las excavaciones han hallado además restos de azulejos medievales y la bodega (enterrada bajo los escombros). Esto no es nada extraño, pues nos consta la afición al vino de la Casa de Champaña, como su propio nombre indica, ya que compraron viñas, extendieron su cultivo y trajeron a Navarra nuevas especies como el verjus, una especie de cava espumoso. El rey Teobaldo I de Champaña trajo de su región natal las cepas para elaborar el “verjús”, vino agraz, especie de vinagre para agregar a algunos platos.

(Curiosidades de Navarra Web)