miércoles, 2 de agosto de 2017

Mansión de las Cañas - Marbella

Si se le pregunta a cualquier paparazzi de Marbella dónde está la casa de la duquesa de Alba, las indicaciones saldrán casi sin pensarlo. «Aparca por la zona del Marbella Club, baja al paseo marítimo de albero y vuelve en dirección Málaga unos pocos metros. Verás un chalé blanco de arquitectura árabe y las rejas en azul. Ése es», explican como si tuvieran un 'gps' en la cabeza. No en vano, llevan horas y horas de guardias a sus espaldas para intentar cazar tanto a Cayetana Fitz-James Stuart en algunas de sus escapadas a Marbella como a su hija, Eugenia Martínez de Irujo, asidua a pasar algunos días de asueto en verano siempre acompañada de los objetivos y de los micrófonos.
Ahora, la famosa puerta en la que hace algunos veranos se pudo leer, en trazos gruesos, la súplica de un día sin prensa por parte de la duquesa de Montoro ha pasado del papel couché al papel timbrado. Costas ha incluido parte de la vivienda de la noble familia entre los 27 expedientes abiertos por ocupación del dominio público marítimo-terrestre. En concreto, el organismo dependientes del Ministerio de Medio Ambiente alude a que el chalé Las Cañas, propiedad de Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba, invade unos 32 metros cuadrados de suelo público.

El muro y el jardín 
Más en detalle, apunta al muro de obra con puerta de acceso a la playa, la misma inmortalizada en multitud de ocasiones por los flashes, y a las zonas verdes de césped y palmeras anexas. Ante este panorama a la duquesa de Alba le quedarán, al igual que al resto de los afectados, dos opciones: caso de tener algún derecho adquirido y demostrable, podrá pedir una concesión del uso y disfrute por un periodo de tiempo cerrado. De lo contrario, Costas obligará a Cayetana y al resto de los protagonistas de la treintena de expedientes a retranquearse para despejar el suelo destinado a uso público.
Se da la circunstancia de que su chalé más que a pie de playa está a pie de paseo marítimo, del tramo de albero que, al igual que otros trazados del casco urbano de Marbella y de la parte oeste del municipio, fueron construidos sin permiso por el desaparecido Jesús Gil. Una osadía que le acarreó multas millonarias y que, a día de hoy, mantiene en el limbo el grueso del paseo marítimo, que también tendrá que encontrar acomodo en el nuevo deslinde e incluso en el futuro Plan de Ordenación Urbana (PGOU) de Marbella.

(Sur)

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